El mayor humedal del Caribe insular, la Ciénaga de Zapata, combina naturaleza salvaje, ecoturismo y gran potencial para el turismo de estrellas en Cuba.
28 February 2026
Cuando cae la noche en el Parque Nacional Ciénaga de Zapata, el paisaje cambia por completo. El murmullo de los manglares sustituye al bullicio del día y el cielo, libre de grandes núcleos urbanos, comienza a revelar una bóveda estrellada sorprendentemente intensa para tratarse del Caribe.
Ubicado en la provincia de Matanzas, este espacio protegido es el mayor humedal insular del Caribe y uno de los enclaves naturales más importantes de Cuba. Su baja densidad de población y la escasa contaminación lumínica convierten a la zona en un escenario ideal para el desarrollo del astroturismo en Cuba, un segmento todavía emergente pero con enorme recorrido.
Hablar de cielos oscuros en el Caribe no siempre es sencillo. Muchas zonas costeras están fuertemente iluminadas por complejos turísticos. Sin embargo, en áreas como Playa Larga o Playa Girón, la situación cambia.
Aquí predominan alojamientos pequeños, entornos naturales protegidos y una infraestructura moderada. El resultado es un cielo donde la Vía Láctea puede apreciarse con claridad en noches despejadas, especialmente en los meses centrales del año.
La experiencia no es la de un observatorio profesional ni la de un gran desierto astronómico, pero sí la de un cielo natural, auténtico y todavía poco intervenido, algo cada vez más difícil de encontrar.
Uno de los elementos más interesantes de la Ciénaga de Zapata es que la experiencia nocturna puede ir más allá de la observación astronómica.
En determinadas épocas del año, en playas del entorno se desarrollan actividades vinculadas a la conservación y liberación de tortugas marinas, integradas dentro de programas de educación ambiental y protección de la biodiversidad.
Imagina la secuencia: primero, participar en una liberación de crías hacia el mar al atardecer; después, cuando la oscuridad se impone, levantar la vista y contemplar la Vía Láctea extendiéndose sobre el Caribe.
Ese tipo de combinación —ecoturismo diurno y observación astronómica nocturna— encaja perfectamente con la filosofía del turismo de estrellas: viajar con conciencia, reducir impacto y reconectar con la naturaleza en todas sus dimensiones.
Liberación de tortugas marinas / Uso de imagen bajo licencia DepositphotosEl turismo en Cuba ha estado tradicionalmente vinculado al sol y playa, la cultura y la historia. Sin embargo, el crecimiento global del astroturismo abre una oportunidad interesante para territorios con:
Baja contaminación lumínica
Entornos naturales protegidos
Climatología favorable gran parte del año
Interés por diversificar su oferta
La Ciénaga de Zapata cumple muchos de estos requisitos. Su condición de parque nacional favorece la preservación del entorno y, al mismo tiempo, permite plantear experiencias de observación astronómica guiada, rutas nocturnas interpretativas o actividades educativas bajo las estrellas.
Además, el Caribe tiene un valor añadido: la experiencia térmica. Observar el cielo en temperaturas suaves, sin necesidad de grandes equipos, facilita que el público general se acerque a la astronomía sin barreras.
Hoy, la Ciénaga de Zapata no es aún un destino consolidado de turismo de estrellas. Y precisamente ahí reside parte de su atractivo. Es un lugar donde el cielo todavía pertenece a la noche, donde el silencio no está programado y donde la oscuridad no es un producto, sino una condición natural.
Para quienes buscan astroturismo en Cuba más allá de los circuitos tradicionales, este enclave representa una posibilidad real: combinar biodiversidad, sostenibilidad y contemplación del cosmos en un mismo viaje.
Porque en la Ciénaga de Zapata, cuando las luces se apagan, el Caribe no desaparece. Se transforma.