El telescopio James Webb detecta una galaxia formada apenas 800 millones de años después del Big Bang con indicios de estrellas primordiales.
16 May 2026 | Fuente: Nature
El Telescopio Espacial James Webb acaba de volver a asomarse a uno de los momentos más misteriosos de la historia cósmica. Un equipo internacional de astrónomos ha descubierto una galaxia extremadamente antigua cuya luz comenzó su viaje hace unos 13.000 millones de años, cuando el universo apenas tenía unos 800 millones de años de edad. (phys.org)
Pero lo realmente fascinante no es solo su antigüedad. Según el estudio publicado en la revista Nature, esta galaxia contiene algunas de las evidencias más sólidas encontradas hasta ahora de las llamadas estrellas de Población III, las primeras estrellas que se formaron tras el Big Bang.
Y aquí es donde la noticia se vuelve verdaderamente espectacular porque los astrónomos podrían estar observando, indirectamente, una generación de estrellas que jamás había podido verse antes.
Las estrellas de Población III son una especie de “fantasma” de la astronomía moderna. Durante décadas, los científicos han teorizado sobre ellas, pero nunca habían conseguido pruebas claras de su existencia.
¿Por qué son tan importantes? Porque fueron las primeras estrellas que iluminaron el universo después de la llamada “edad oscura cósmica”, el periodo posterior al Big Bang en el que todavía no existían galaxias, planetas ni estrellas tal y como las conocemos.
A diferencia de las estrellas actuales, estas primeras estrellas estaban compuestas casi exclusivamente por Hidrógeno y Helio Y prácticamente nada más.
En otras palabras, todavía no existían los elementos pesados necesarios para formar planetas rocosos, océanos o incluso la vida.
Los investigadores describen en un artículo publicado en Phys.org esta galaxia como una de las más “químicamente primitivas” observadas hasta ahora.
Eso significa que contiene muy pocos elementos pesados, algo fundamental para sospechar la presencia de estrellas extremadamente antiguas. En astronomía, cuanto menos “contaminada” químicamente está una galaxia, más cerca podría encontrarse de las primeras generaciones estelares.
Y ahí es donde Webb está marcando la diferencia. Gracias a su enorme sensibilidad en el infrarrojo, el telescopio puede observar objetos tan lejanos que su luz llega hasta nosotros tremendamente desplazada por la expansión del universo. Es literalmente como mirar hacia atrás en el tiempo.
Cuando Webb observa esta galaxia, no la está viendo como es hoy. La está viendo como era cuando el universo apenas acababa de empezar a construir sus primeras estructuras.
Para entender la escala:
El universo tiene unos 13.800 millones de años
La galaxia observada aparece solo 800 millones de años después del Big Bang
Eso convierte este hallazgo en una auténtica ventana hacia los orígenes cósmicos.
La existencia de galaxias tan evolucionadas en una época tan temprana del universo lleva tiempo desconcertando a los científicos.
Algunas galaxias detectadas por Webb parecen haberse formado demasiado rápido para lo que predecían los modelos clásicos de evolución galáctica.
Y esta nueva observación añade más piezas al puzle.
Si realmente contiene rastros de estrellas de Población III, significaría que Webb está empezando a entrar en una época del universo que hasta hace muy poco pertenecía casi exclusivamente al terreno de la teoría.
El James Webb Space Telescope fue diseñado precisamente para estudiar el universo temprano.
Mientras telescopios como Hubble revolucionaron nuestra visión del cosmos, Webb trabaja principalmente en el infrarrojo, una longitud de onda esencial para detectar la luz extremadamente lejana y antigua.
Gracias a ello puede:
Observar galaxias muy jóvenes
Analizar su composición química
Estudiar cómo nacieron las primeras estructuras cósmicas
Investigar cuándo aparecieron las primeras estrellas
Los investigadores son prudentes. Aún harán falta nuevas observaciones y análisis para confirmar completamente la naturaleza de estas posibles estrellas primordiales. Pero el hallazgo ya está siendo considerado como una de las evidencias más importantes hasta ahora en la búsqueda de las primeras estrellas del cosmos.
Y eso tiene implicaciones enormes. Porque esas primeras estrellas fueron las responsables de fabricar los elementos que hoy forman los planetas, los océanos, las montañas y a nosotros mismos.
Como suelen recordar muchos astrofísicos, el hierro de nuestra sangre y el calcio de nuestros huesos nacieron en estrellas. Y quizá Webb acaba de acercarnos un poco más al origen de todo eso.
Para quienes disfrutan del turismo astronómico y la observación del firmamento, noticias como esta transforman completamente la experiencia de mirar al cielo.
Porque cuando observamos la Vía Láctea o una noche estrellada desde un destino Starlight, estamos contemplando un universo construido durante miles de millones de años… por generaciones de estrellas que nacieron, vivieron y murieron mucho antes de que existiera la Tierra.
Y ahora, gracias a Webb, empezamos a acercarnos a las primeras de todas ellas.