Crónica de viaje de los fotógrafos españoles por Chile– A la conquista de la luz y los gigantes de América: Un salar, un volcán y una laguna.
10 April 2026
La última jornada nos llevó al límite físico y emocional del viaje. Más de 700 kilómetros de carretera y casi 4.000 metros de desnivel acumulado para alcanzar al volcán activo más alto del planeta. Esta vez, la conquista del cielo sería a plena luz del día.
No las teníamos todas con nosotros. El cansancio acumulado de las jornadas anteriores pesaba, y el itinerario era exigente. Pero habíamos llegado hasta aquí y confiábamos en Cristóbal, nuestro guía de Tembeta Travel Tours. El objetivo era claro: fotografiar el Ojos del Salado (6.893 m), el volcán activo más alto del mundo, situado en la frontera entre Chile y Argentina.
Tras cruzar la quebrada Cortadera, la primera sorpresa apareció en la Vega de San Andrés, un oasis inesperado en medio de la aridez. A unos 1.000 metros de altitud, los pastos verdes alimentan rebaños de ovejas, caballos y guanacos. Allí, la cadena trófica se hace visible: los restos de animales fallecidos atraen al majestuoso Cóndor andino (Vultur gryphus), el ave voladora terrestre más grande del mundo en envergadura, que puede superar los 3 metros con las alas extendidas y alcanzar más de 15 kilos de peso.
Varios ejemplares planearon sobre nuestras cabezas, aprovechando las corrientes térmicas.
Fernando: “Cuando un cóndor te sobrevuela a esta altura, entiendes que el paisaje tiene otra escala.”
Cóndor andino @ReyDaluz ©LUZLUXSeguimos ascendiendo entre paisajes volcánicos de tonos ocres, rojizos y violáceos. Tras pasar la mina de La Coipa, alcanzamos el Salar de Maricunga, a unos 3.750 metros de altitud y con una extensión cercana a los 145 km². El contraste entre el blanco intenso de la sal y el azul profundo del cielo componía una escena casi irreal, coronada por conos volcánicos que emergían como pirámides perfectas en el horizonte.
Jordi: “Aquí el minimalismo no es estético: es geológico.”
Laguna del cerro La Pirámide. Salar de Maricumba. @ReyDaluz ©LUZLUXCruzamos el complejo fronterizo y continuamos hacia la cascada del río Lamas, situada en torno a los 3.900 metros. En sus orillas pastaban guanacos y vicuñas, perfectamente adaptados a la hipoxia y al frío extremo.
Guanacos a la orilla del Rio Lamas @ReyDaluz ©LUZLUXLa altitud comenzó a sentirse con intensidad. Cada paso exigía concentración; cada levantamiento de cámara suponía un esfuerzo inesperado. El oxígeno escasea y el cuerpo protesta, pero la emoción empuja.
Finalmente, alcanzamos los 4.500 metros a los pies del Ojos del Salado. Su silueta se alzaba señorial, mística, brutal. Un coloso de roca y hielo que parece desafiar la lógica de la habitabilidad.
Glendor: “Aquí no fotografiamos un volcán. Fotografiamos el límite.”
Volcan Ojos del Salado (6.893m) @ReyDaluz ©LUZLUXAún nos aguardaba una última sorpresa: la Laguna Verde, situada a más de 4.300 metros, un espejo turquesa rodeado de volcanes. Las fuerzas resistieron lo suficiente para realizar un breve tramo a pie en busca del mejor encuadre. El color esmeralda del agua, producto de su alta concentración mineral, contrastaba con los tonos rojizos del entorno volcánico.
Pablo: “Hay lugares donde el planeta parece recién creado.”
Laguna verde @Glendor_Fine_ArtFascinados y exhaustos, emprendimos el regreso. Nos aguardaban más de 400 kilómetros de vuelta hasta Copiapó. La fatiga era evidente, pero también la satisfacción de haber alcanzado uno de los escenarios más extremos y fotogénicos del continente.
Esa noche celebramos el hito conseguido. No solo habíamos retratado el volcán activo más alto del mundo; habíamos comprendido que el viaje no era únicamente una búsqueda de imágenes, sino un diálogo constante entre cuerpo, paisaje y cielo.
La expedición concluía, pero la memoria de aquel gigante permanecerá para siempre grabada en nuestras cámaras… y en nosotros.
Laguna verde @ReyDaluz ©LUZLUX@reydaluz ©LUZLUX @glendor_fine_art
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