Auroras boreales, Vía Láctea y algunos de los cielos más oscuros de Europa convierten a las Highlands escocesas en un destino ideal para el astroturismo.
31 January 2026
Cuando cae la noche en el norte de Escocia, el paisaje se transforma. Lejos de las ciudades y de la contaminación lumínica, las Highlands ofrecen uno de los cielos nocturnos más espectaculares de Europa. Un territorio de montañas, lagos y costas salvajes donde el turismo de naturaleza se funde, casi sin querer, con el turismo de estrellas.
Aunque no siempre se hable de “star parties” en sentido estricto, la observación astronómica forma parte natural de la experiencia de viaje. Aquí, el cielo no es una actividad añadida: es un protagonista más.
Uno de los grandes referentes es el Cairngorms Dark Sky Park, el parque nacional con la mayor extensión de cielos protegidos del Reino Unido. En sus noches despejadas es posible observar la Vía Láctea a simple vista, constelaciones completas y objetos de cielo profundo sin necesidad de grandes equipos.
A esto se suman otras zonas con condiciones excepcionales, como la Isla de Skye, donde el horizonte marino y la escasa iluminación artificial crean escenarios ideales para la observación y la astrofotografía. No es raro que alojamientos rurales y guías locales organicen salidas nocturnas informales, charlas bajo las estrellas o sesiones de iniciación a la astronomía.
En los últimos años, el aumento de la actividad solar ha permitido observar auroras boreales en latitudes más meridionales de lo habitual. Escocia se ha convertido así en uno de los puntos más accesibles de Europa para intentar ver este fenómeno, especialmente durante los meses de otoño e invierno.
Crédito: www.visitcairngorms.comNo hay garantías —la naturaleza manda—, pero cuando las condiciones se alinean, las luces verdes y púrpuras sobre los lagos o las montañas ofrecen una experiencia difícil de olvidar. Un aliciente más para quienes buscan viajes diferentes, ligados a fenómenos naturales irrepetibles.
El atractivo de las Highlands está también en su ritmo. Senderismo, fotografía, historia y gastronomía local durante el día; cielo oscuro y silencio absoluto cuando cae la noche. Un modelo que encaja con un viajero cada vez más interesado en experiencias auténticas, alejadas de las masas y conectadas con el entorno.
Escocia demuestra que no hace falta un gran observatorio para desarrollar propuestas de astroturismo: basta con proteger el cielo, ofrecer información y dejar que la noche haga su trabajo.