Una galaxia enana del universo primitivo ofrece nuevas pistas sobre el origen de las enigmáticas ráfagas rápidas de radio.
14 October 2026
Una señal de radio que apenas duró unas milésimas de segundo ha permitido a los astrónomos mirar hacia una época en la que el universo tenía solo unos 3.000 millones de años. Gracias al telescopio espacial James Webb, un equipo internacional ha identificado la galaxia de origen de la ráfaga rápida de radio más lejana localizada hasta la fecha, un hallazgo que podría ayudar a resolver uno de los grandes enigmas de la astrofísica.
El descubrimiento, presentado el 8 de octubre de 2026 y publicado en la revista científica Science, revela que la señal procedía de una galaxia mucho más pequeña y joven de lo esperado. Este detalle resulta especialmente importante porque ofrece nuevas pistas sobre los objetos capaces de producir explosiones de energía tan intensas.
Las ráfagas rápidas de radio, conocidas por sus siglas en inglés FRB (Fast Radio Bursts), son emisiones extremadamente breves y potentes de ondas de radio que llegan desde regiones muy lejanas del cosmos.
Aunque algunas se repiten, muchas se detectan una sola vez y desaparecen sin dejar rastro. Desde su descubrimiento en 2007, los científicos han tratado de averiguar qué fenómenos pueden generar semejantes emisiones.
La señal protagonista de esta investigación, denominada FRB 20240304B, fue detectada inicialmente el 4 de marzo de 2024 mediante el radiotelescopio MeerKAT, situado en Sudáfrica. Su análisis indicaba que podía proceder de una distancia extraordinaria, pero los telescopios terrestres no consiguieron identificar la galaxia desde la que había partido.
Fue entonces cuando entró en escena el James Webb.
Sus instrumentos de observación infrarroja permitieron detectar la galaxia y medir su desplazamiento al rojo, un indicador que ayuda a determinar la distancia de los objetos cósmicos. Los resultados situaron el origen de la señal en una época en la que habían transcurrido aproximadamente 3.000 millones de años desde el Big Bang, es decir, hace más de 10.000 millones de años.
Los astrónomos que utilizaron el telescopio espacial James Webb de la NASA pudieron estudiar la galaxia anfitriona de la ráfaga de radio rápida (FRB, por sus siglas en inglés) más distante conocida. Confirmaron que tiene un corrimiento al rojo cosmológico de 2,148 y que la FRB ocurrió tan solo 3 mil millones de años después del Big Bang. / Ilustración: NASA, ESA, CSA, Joseph Olmsted (STScI); Ciencia: Manisha Caleb (SIfA)Lo más sorprendente no fue únicamente la distancia, sino el tipo de galaxia identificada.
Los investigadores esperaban encontrar una galaxia relativamente grande y desarrollada, pero descubrieron una galaxia enana con una masa unas mil veces menor de la prevista, en plena actividad de formación estelar.
Este resultado refuerza una de las principales hipótesis sobre el origen de las FRB: que algunas podrían estar producidas por magnetares, estrellas de neutrones extremadamente densas que poseen campos magnéticos extraordinariamente intensos.
Los magnetares pueden formarse después de la explosión de estrellas masivas y, por tanto, aparecer relativamente pronto en galaxias jóvenes. La detección de una ráfaga de radio en una galaxia tan temprana encaja con esta posibilidad.
En cambio, el hallazgo hace menos probable, para esta señal concreta, otra explicación propuesta: la colisión de dos estrellas de neutrones, un proceso que puede requerir miles de millones de años.
No obstante, el misterio no está resuelto. Los científicos todavía no han demostrado de forma concluyente qué mecanismo produce todas estas emisiones.
La investigación ha proporcionado otra información valiosa. Durante su larguísimo viaje hasta la Tierra, la señal atravesó diferentes estructuras cósmicas y conservó información sobre la materia que encontró a su paso.
Los científicos identificaron en ella la huella de dos estructuras: un cúmulo de galaxias hasta ahora desconocido y el cúmulo de Virgo, situado a unos 54 millones de años luz de nuestro planeta.
Esto convierte a las ráfagas rápidas de radio en herramientas especialmente interesantes para estudiar la distribución de la materia en el universo, incluidas regiones que resultan difíciles de observar directamente.
Según explica la Agencia Espacial Europea en la presentación oficial del descubrimiento, basado en el comunicado de la NASA, la combinación de radiotelescopios terrestres y observaciones del James Webb permitirá investigar otras ráfagas lejanas y conocer mejor las galaxias donde se originan.
El telescopio espacial James Webb, desarrollado conjuntamente por la NASA, la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia Espacial Canadiense (CSA), fue diseñado para observar algunos de los objetos más antiguos y distantes del universo.
Su capacidad para detectar luz infrarroja permite estudiar galaxias cuya radiación ha viajado durante miles de millones de años antes de alcanzar nuestros instrumentos.
Este nuevo descubrimiento demuestra que su utilidad no se limita a obtener imágenes espectaculares de nebulosas, estrellas o galaxias: también permite reconstruir la historia de fenómenos fugaces que, aunque apenas duran milisegundos, contienen información sobre miles de millones de años de evolución cósmica.
Una señal casi instantánea ha terminado convirtiéndose en una ventana hacia el universo primitivo, y en una nueva pista para comprender algunos de sus acontecimientos más energéticos.