¿Se puede viajar a Marte sin salir de la Tierra? Wadi Rum, en Jordania, une algunos de los cielos más oscuros del planeta con un paisaje irrepetible.
31 July 2026
Mientras millones de viajeros buscan destinos con cielos oscuros para contemplar la Vía Láctea, pocos lugares consiguen que el paisaje resulte tan protagonista como el firmamento. En Wadi Rum, al sur de Jordania, las noches no solo permiten descubrir miles de estrellas. También ofrecen la sensación de encontrarse en otro planeta.
Conocido como el Valle de la Luna, este desierto declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO se ha convertido en uno de los grandes referentes del astroturismo en Oriente Medio. Sus gigantescas montañas de arenisca, los cañones modelados por el viento, la práctica ausencia de contaminación lumínica y el silencio absoluto crean un escenario donde resulta fácil comprender por qué tantas superproducciones de Hollywood lo han utilizado para representar Marte.
Lo primero que sorprende al visitante es que, cuando desaparece el Sol, el verdadero espectáculo apenas acaba de comenzar.
Lejos de las grandes ciudades y con una atmósfera extremadamente seca durante buena parte del año, Wadi Rum permite contemplar la Vía Láctea con una nitidez difícil de encontrar en otros destinos turísticos. A simple vista aparecen miles de estrellas, mientras que planetas, cúmulos estelares y nebulosas se dejan observar con facilidad mediante prismáticos o telescopios.
No es casualidad que numerosas empresas locales hayan incorporado el astroturismo como una de las principales actividades del desierto. La Oficina de Turismo de Jordania promociona experiencias guiadas de turusmo de estrellas en las que astrónomos profesionales combinan observación telescópica, explicación científica y relatos tradicionales beduinos bajo uno de los cielos más limpios del país.
Algunas de estas actividades incluyen sesiones con los mayores telescopios de Jordania, observación con punteros láser para reconocer constelaciones y explicaciones sobre los objetos más destacados visibles cada noche.
Hotel burbuja en Wadi Rum, Jorndania/ Uso de imagen bajo licencia DepositphotosUna de las experiencias más populares consiste en pasar la noche en alguno de los numerosos campamentos beduinos repartidos por el desierto.
Muchos alojamientos han evolucionado en los últimos años desde las tradicionales haimas hasta cúpulas panorámicas o tiendas de lujo con amplias superficies acristaladas, diseñadas para contemplar el firmamento sin renunciar a la comodidad. Sin embargo, el verdadero lujo sigue siendo el mismo desde hace siglos: salir unos metros del campamento, apagar cualquier luz y dejar que la oscuridad haga el resto...En muy pocos minutos los ojos se acostumbran y el cielo comienza a revelar una enorme cantidad de detalles invisibles desde la mayoría de ciudades europeas.
El atractivo de Wadi Rum no termina cuando sale el Sol.
El desierto puede recorrerse en vehículos 4x4 conducidos por guías beduinos, a lomos de un camello o mediante rutas de senderismo entre enormes formaciones rocosas, puentes naturales y estrechos cañones esculpidos durante millones de años.
Además de su extraordinario patrimonio geológico, el valle conserva grabados rupestres y restos arqueológicos que testimonian el paso de distintas civilizaciones desde tiempos prehistóricos, incluidos los nabateos, responsables también de la cercana ciudad de Petra.
La cultura beduina continúa formando parte de la experiencia. Compartir un té alrededor del fuego, degustar el tradicional zarb —cocinado lentamente bajo la arena— o escuchar antiguas historias transmitidas de generación en generación añade una dimensión cultural que convierte la observación del cielo en algo mucho más profundo que una simple actividad astronómica.
Pocos paisajes terrestres han resultado tan convincentes para recrear otros mundos. Las montañas rojizas de Wadi Rum han servido como escenario para películas como The Martian, Rogue One: A Star Wars Story, Dune, Prometheus, Aladdin o Lawrence de Arabia, aprovechando un paisaje prácticamente intacto donde la presencia humana parece desaparecer entre gigantescas paredes de roca.
Esa combinación entre geología extrema y cielos oscuros hace que muchos viajeros describan la sensación de encontrarse en un planeta distinto.
Wadi Rum, Jorndania/ Uso de imagen bajo licencia DepositphotosAunque es posible visitar Wadi Rum durante todo el año, la primavera y el otoño suelen ofrecer las temperaturas más agradables para combinar excursiones diurnas con largas sesiones de observación nocturna.
El verano proporciona excelentes condiciones para contemplar la Vía Láctea gracias a la sequedad del ambiente, aunque durante el día las temperaturas pueden superar ampliamente los 40 grados. El invierno, por su parte, ofrece noches muy oscuras y transparentes, pero también bastante frías.
Como en cualquier destino de astroturismo, conviene planificar el viaje alrededor de la Luna nueva, cuando la ausencia de luz lunar permite disfrutar del máximo contraste del cielo. Las Perseidas, en agosto, y las Gemínidas, en diciembre, figuran entre las lluvias de meteoros más atractivas para observar desde este enclave.
Existen muchos lugares del mundo con cielos oscuros. Existen muchos desiertos espectaculares. Pero muy pocos consiguen que ambos elementos formen una experiencia inseparable.
En Wadi Rum, las estrellas no son un complemento del viaje, sino que forman parte del propio paisaje. Quizá por eso, cuando la noche cae sobre el Valle de la Luna, resulta fácil comprender por qué los antiguos beduinos utilizaban el cielo para orientarse, por qué Hollywood lo eligió para representar Marte y por qué cada vez más viajeros incluyen este rincón de Jordania entre los grandes destinos del astroturismo mundial.
