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¿Un meteoro durante el eclipse? El misterioso objeto captado en España que llegó al APOD

Un vídeo grabado durante el eclipse muestra un objeto cruzando el Sol. Parecía una Perseida, pero la investigación de NASA encontró otra respuesta.

20 August 2026

Durante unos instantes, el eclipse total de Sol del 12 de agosto de 2026 tuvo un protagonista inesperado. Mientras la Luna avanzaba sobre el disco solar y millones de personas contemplaban el fenómeno desde España, una cámara registró una pequeña y fugaz estela atravesando el Sol parcialmente eclipsado. ¿Una Perseida pasando providencialmente por delante del astro rey? ¿Un objeto iluminado por el Sol? ¿Algo mucho más cercano?

El vídeo resultó suficientemente intrigante como para convertirse el 19 de agosto en protagonista del Astronomy Picture of the Day (APOD), la conocida selección diaria de imágenes astronómicas vinculada a la NASA, bajo un título que ya planteaba el enigma: The Case of the Mysterious Maybe Meteor, algo así como «El caso del misterioso posible meteoro». 

Y había razones para sospechar de una estrella fugaz. La grabación fue realizada en España precisamente cuando las Perseidas estaban alcanzando su máximo. Pero la explicación final es bastante más terrenal y constituye un precioso ejemplo de cómo trabaja la ciencia: el misterioso objeto no era un meteoro, sino la estela de condensación de un avión. (NASA Science)

Ver el vídeo original en el APOD de la NASA

Un intruso cruza el Sol en pleno eclipse

El vídeo fue realizado por Juan Pablo Castañeda el pasado 12 de agosto desde España, en las coordenadas 40°34'30,3"N, 1°12'28,8"W, y registra el cielo a las 20:28 hora local, cuando el eclipse todavía se encontraba en su fase parcial en ese punto de observación. La secuencia fue capturada a 24 fotogramas por segundo. (Astronomy Picture of the Day)

En ella aparece el disco solar mordido por la Luna y, durante un instante, una delgada estructura luminosa lo atraviesa y desaparece.

La coincidencia temporal hacía inevitable pensar inmediatamente en las Perseidas. El máximo de la lluvia de estrellas se produjo precisamente en torno a aquellas horas, convirtiendo el 12 de agosto en una jornada astronómica absolutamente excepcional: un eclipse total de Sol y una de las lluvias de meteoros más famosas del año compartiendo fecha.

Así que la primera hipótesis tenía sentido: ¿había conseguido Castañeda registrar por casualidad una Perseida cruzando exactamente por delante del Sol eclipsado?

Los responsables del APOD decidieron tratar la secuencia casi como una investigación detectivesca.

¿Podía ser realmente una Perseida?

Había una primera pista favorable.

Los meteoros de una misma lluvia parecen proceder de una región concreta del firmamento denominada radiante. En el caso de las Perseidas, ese punto se encuentra en dirección a la constelación de Perseo. No significa que los fragmentos nazcan allí: es un efecto de perspectiva producido al atravesar la Tierra la corriente de partículas dejada por el cometa 109P/Swift-Tuttle.

La trayectoria del misterioso objeto podía ser aproximadamente compatible con la dirección del radiante de las Perseidas.  Pero eso no bastaba porque al analizar la grabación empezaron a aparecer detalles que no terminaban de cuadrar con un meteoro.

Uno de ellos era la longitud aparente de la estela. El objeto recorría en el cielo un ángulo menor que el diámetro aparente del Sol y de la Luna, que ronda medio grado. Para un meteoro, aquello resultaba más corto de lo esperado. 

Había además una segunda pista todavía más interesante.

¿Por qué desaparecía al abandonar el Sol?

Si aquello fuese una Perseida, el fenómeno luminoso se produciría cuando la diminuta partícula procedente del cometa entrase en la atmósfera terrestre a enorme velocidad. El calentamiento y la excitación del gas atmosférico generarían la característica traza luminosa que conocemos popularmente como estrella fugaz.

Y esa luz no necesitaría tener detrás el disco solar para resultar visible.

Sin embargo, en el vídeo la estructura brillante apenas se prolonga fuera del Sol. Parece hacerse especialmente evidente cuando se encuentra proyectada sobre él y desaparecer rápidamente después.

Ese comportamiento llevó a considerar otra posibilidad: quizá no estuviéramos viendo un objeto que emitía luz, sino algo iluminado por el propio Sol. (NASA Science)

La investigación empezaba a bajar de altitud.

La solución estaba en el tráfico aéreo

Para comprobarlo, los investigadores cruzaron tres datos extraordinariamente concretos que proporcionaba la grabación: el lugar exacto, la hora y la región del cielo hacia la que apuntaba la cámara.

Después compararon esa información con una base de datos de vuelos. Y apareció el culpable...¡Era la estela de condensación de un avión!

Las conocidas contrails se producen cuando el vapor de agua procedente de los motores de una aeronave se encuentra con aire muy frío a gran altitud y forma diminutos cristales de hielo. Dependiendo de la humedad, la temperatura y la iluminación, estas estelas pueden desaparecer rápidamente o permanecer durante bastante tiempo en el cielo.

En este caso, la geometría jugó además a favor del misterio: la estela, iluminada por el Sol y registrada justo cuando atravesaba visualmente su disco, produjo durante apenas unos fotogramas una apariencia suficientemente extraña como para confundirse con un fenómeno astronómico.

Nada extraterrestre. Ni siquiera interplanetario. Un avión.

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Pero el APOD inicialmente dejó el misterio abierto

La historia tiene una curiosidad añadida. La primera presentación del APOD planteaba deliberadamente el caso como una incógnita y animaba a los lectores a analizar las pruebas: trayectoria, velocidad, brillo y longitud aparente.

La versión publicada posteriormente en NASA Science incorpora ya el desenlace: tras comparar los datos de la observación con una base de tráfico aéreo, la explicación identificada es una estela de avión.

En el análisis participaron o fueron consultados especialistas como William Cooke, responsable de la Meteoroid Environment Office de NASA, y Peter Jenniskens, uno de los investigadores de meteoros más reconocidos internacionalmente, además de David Lee, Peter Brown y Denis Vida. 

Es precisamente ese recorrido —de la observación llamativa a la hipótesis y de esta a la comprobación— lo que hace especialmente interesante el vídeo.

Un eclipse español que continúa dando imágenes

La aparición de esta secuencia en APOD llega apenas una semana después del gran eclipse y se suma a la enorme cantidad de material científico y fotográfico generado durante el fenómeno.

El eclipse de Sol del 12 de agosto atravesó Groenlandia, Islandia, el Atlántico y alcanzó la península ibérica al final de la tarde, permitiendo contemplar la totalidad desde una amplia franja de España. El propio APOD ya había seleccionado el 14 de agosto una espectacular imagen del eclipse obtenida desde Groenlandia. 

En el caso de la grabación de Castañeda, sin embargo, la espectacularidad no procede únicamente del eclipse. Resulta difícil imaginar una combinación más propicia para el equívoco: un objeto fugaz, un Sol parcialmente eclipsado y las Perseidas alcanzando su máximo el mismo día.

Todo parecía preparado para que aquel pequeño trazo fuese interpretado como un meteoro. Y no lo era.

Cuando una fotografía astronómica también sirve para hacer ciencia

El episodio recuerda además algo fundamental en una época en la que una imagen sorprendente puede recorrer las redes sociales acompañada de una explicación equivocada en cuestión de minutos.

Una fotografía o un vídeo no siempre cuentan por sí solos qué estamos viendo.

En astronomía, conocer la hora exacta, las coordenadas de observación, la orientación de la cámara y las características físicas esperables de un fenómeno puede transformar completamente la interpretación de una imagen.

Aquí había una hipótesis tremendamente atractiva: una Perseida fotografiada atravesando el Sol durante un eclipse total que coincidía con el máximo de las Perseidas. Casi demasiado perfecta.

Pero los datos apuntaron hacia otra explicación.

Y quizá ahí resida lo mejor de este peculiar APOD español. El vídeo continúa siendo extraordinario aunque el objeto resulte ser un avión. De hecho, su historia permite contemplar el eclipse desde una perspectiva diferente y recordar una de las reglas más saludables de la observación del cielo: antes de decidir que hemos encontrado algo excepcional, conviene averiguar qué más podría ser.

Esta vez, para resolver un misterio ocurrido delante del Sol a casi 150 millones de kilómetros, hubo que mirar mucho más cerca de casa.

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