El 24 de agosto de 2006, Plutón pasó a ser planeta enano. Veinte años después, la decisión aún divide a los científicos.
24 August 2026
Durante 76 años aprendimos que el Sistema Solar tenía nueve planetas. Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno… y Plutón. Hasta que, el 24 de agosto de 2006, una votación celebrada en Praga cambió los libros de texto, redujo la familia planetaria a ocho miembros y convirtió al pequeño mundo helado en protagonista de una controversia científica que, veinte años después, todavía no se ha apagado.
Plutón no desapareció, por supuesto. Tampoco se hizo más pequeño aquel día ni los astrónomos descubrieron de repente que no fuera tan interesante como pensábamos. Lo que cambió fue nuestra definición de la palabra planeta.
La responsable fue la Unión Astronómica Internacional (IAU), la organización que ejerce como autoridad internacional para la nomenclatura astronómica. Durante su Asamblea General de 2006 aprobó una nueva definición que Plutón no consiguió superar. Desde entonces está oficialmente clasificado como planeta enano.
Y, para añadir cierta ironía a la historia, cuando se tomó aquella decisión una nave de la NASA ya viajaba hacia él. New Horizons había despegado siete meses antes rumbo al que entonces todavía llamábamos noveno planeta.
Vistas de Plutón desde la New Horizons de la NASA/ Crédito: NASA / Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory / Southwest Research Institute Para entender aquel peculiar “descenso de categoría” hay que viajar bastante más atrás.
Plutón fue descubierto en 1930 por Clyde Tombaugh desde el Observatorio Lowell, en Arizona. Durante décadas fue considerado el noveno y último planeta conocido del Sistema Solar, aunque siempre resultó un miembro bastante peculiar de la familia.
Es diminuto comparado con los ocho planetas actuales: tiene unos 2.377 kilómetros de diámetro, aproximadamente dos tercios del diámetro de nuestra Luna. Su órbita, además, es mucho más inclinada y excéntrica que las de los planetas principales y tarda 248 años terrestres en completar una vuelta alrededor del Sol.
Nada de aquello, sin embargo, provocó su reclasificación.
El verdadero problema llegó cuando los astrónomos comenzaron a descubrir otros cuerpos parecidos a Plutón en el cinturón de Kuiper, la enorme región de pequeños mundos helados situada más allá de Neptuno.
El hallazgo de Eris, anunciado en 2005 y considerado inicialmente comparable en tamaño a Plutón, convirtió el problema en urgente. Si Plutón era un planeta, ¿por qué Eris no? ¿Y qué ocurriría conforme aparecieran nuevos objetos semejantes?
Había que decidir qué significaba exactamente ser un planeta.
El 24 de agosto de 2006, durante la XXVI Asamblea General de la IAU en Praga, los astrónomos aprobaron la Resolución 5A, que establecía tres condiciones para que un cuerpo del Sistema Solar fuese considerado planeta.
Debía orbitar alrededor del Sol, tener suficiente masa para que su propia gravedad le proporcionase una forma aproximadamente esférica y haber “limpiado la vecindad de su órbita”. (IAU)
Plutón cumple perfectamente las dos primeras.
Es la tercera la que lo dejó fuera.
Nuestro pequeño protagonista comparte su región orbital con numerosos objetos transneptunianos y no domina gravitacionalmente su entorno de la manera en que lo hacen, por ejemplo, la Tierra, Júpiter o Neptuno.
La misma resolución creó una categoría específica para cuerpos que cumplen los dos primeros requisitos, pero no el tercero: los planetas enanos.
Y la posterior Resolución 6A fue absolutamente explícita:
“Pluto is a dwarf planet.”
Además, la IAU reconoció a Plutón como prototipo de una nueva categoría de objetos transneptunianos. El Sistema Solar acababa oficialmente de pasar de nueve planetas a ocho.
Consultar las resoluciones originales de la IAU de 2006
Una de las primeras fotos enviadas de Plutón por New Horizons durante su máximo acercamiento. / Crédito: NASA / Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory / Southwest Research Institute Y aquí comienza la parte más interesante: la discusión no terminó con la votación.
La definición de la IAU continúa siendo la oficial veinte años después —la propia organización confirma que no la ha modificado desde 2006—, pero algunos científicos planetarios consideran que el criterio de “limpiar la órbita” no es la mejor manera de definir un planeta. (IAU)
Entre sus críticos más conocidos está Alan Stern, investigador principal de la misión New Horizons. Stern sigue defendiendo una definición geofísica basada fundamentalmente en las características intrínsecas del objeto y no en aquello que comparte su órbita.
La propia NASA recoge su desacuerdo. Para Stern, cuerpos como Plutón pueden considerarse planetas desde una perspectiva de ciencia planetaria aunque la clasificación oficial de la IAU diga otra cosa. (NASA)
Y no es simplemente una cuestión sentimental de quienes crecieron memorizando nueve nombres.
La discusión plantea una pregunta científica bastante profunda: ¿debemos definir un planeta por lo que es físicamente o también por el lugar que ocupa y la influencia gravitatoria que ejerce sobre su entorno?
Según la respuesta, nuestro Sistema Solar puede tener ocho planetas… o muchos más.
Hay otra deliciosa paradoja en esta historia.
Cuando la NASA lanzó New Horizons el 19 de enero de 2006, Plutón todavía era oficialmente un planeta. Cuando la nave llegó a su destino el 14 de julio de 2015, nueve años y casi seis meses después, era un planeta enano. (NASA Science)
Pero si alguien esperaba encontrarse un mundo pequeño, muerto y aburrido, Plutón tenía preparada una sorpresa.
New Horizons pasó a unos 12.500 kilómetros de su superficie y reveló un mundo extraordinariamente complejo, con montañas de hielo de agua, grandes llanuras, glaciares, valles, cráteres y una tenue atmósfera compuesta principalmente por nitrógeno, metano y monóxido de carbono.
Y apareció el que probablemente sea ya uno de los accidentes geográficos extraterrestres más reconocibles por el público: Tombaugh Regio, la enorme región clara con forma de corazón que domina muchas de las fotografías del planeta enano.
Su lóbulo occidental contiene Sputnik Planitia, una vasta planicie dominada por hielo de nitrógeno que muestra evidencias de actividad geológica. La misión descubrió, en definitiva, que un cuerpo pequeño situado en los confines del Sistema Solar podía ser muchísimo más dinámico y complejo de lo que se había imaginado. (NASA Science)
La reclasificación de 2006 no hizo a Plutón menos interesante. La exploración de 2015 consiguió exactamente lo contrario.
También sabemos ahora mucho más sobre la peculiar familia plutoniana.
Plutón posee cinco satélites conocidos: Caronte, Nix, Hydra, Kerberos y Styx. El mayor, Caronte, es especialmente llamativo porque su diámetro supera la mitad del de Plutón. (NASA Science)
La relación entre ambos es tan singular que en ocasiones se habla informalmente de un sistema doble. El centro de masas alrededor del que orbitan Plutón y Caronte se encuentra fuera de Plutón, aunque la IAU continúa clasificando oficialmente a Caronte como satélite y no ha establecido una categoría formal de “planeta enano binario”.
Es otro ejemplo de algo que Plutón parece empeñado en recordarnos: la naturaleza no siempre encaja cómodamente en nuestras casillas.
Si estamos hablando de la clasificación astronómica oficial actual, sí: Plutón es un planeta enano, no uno de los ocho planetas del Sistema Solar. La IAU lo mantiene inequívocamente así en 2026.
Eso no significa que un científico que defienda otra definición esté afirmando que la IAU “se equivocó” en el sentido de haber calculado mal alguna propiedad de Plutón. Lo que se discute es qué criterios resultan científicamente más útiles para establecer la categoría planeta.
Las clasificaciones científicas son herramientas creadas para ordenar y comprender la naturaleza. Y pueden modificarse cuando nuevos descubrimientos hacen insuficientes las categorías anteriores.
De hecho, Plutón no fue siquiera el primer mundo al que le ocurrió algo semejante.
Ceres, descubierto en 1801, fue considerado inicialmente planeta antes de terminar clasificado como asteroide cuando comenzaron a descubrirse numerosos objetos similares entre Marte y Júpiter. Desde 2006 comparte con Plutón la categoría de planeta enano.
La historia, de alguna manera, se repitió dos siglos después.
Quizá sea el gran fracaso de aquella supuesta “degradación”.
Veinte años después de perder su condición planetaria, Plutón continúa siendo probablemente el planeta enano más famoso del Sistema Solar. La propia NASA reconoce que la decisión provocó una reacción popular enorme: hubo protestas, libros de texto que tuvieron que actualizarse y una avalancha de memes en los que Plutón aparecía enfadado, triste o directamente expulsado de la familia planetaria.
Su historia reúne casi todos los ingredientes para convertirse en un favorito: fue descubierto por un joven astrónomo, recibió su nombre gracias a la propuesta de Venetia Burney, una niña británica de 11 años, pasó tres cuartos de siglo siendo el pequeño noveno planeta, perdió después su categoría y, finalmente, una nave que cruzó miles de millones de kilómetros nos mostró que tenía un gigantesco corazón dibujado sobre su superficie.
Quizá por eso, veinte años después de aquella votación de Praga, todavía seguimos preguntando si Plutón debería recuperar su antiguo título.
Oficialmente, la respuesta sigue siendo no. Pero hay algo que ninguna resolución consiguió quitarle: Plutón dejó de ser el noveno planeta y terminó convirtiéndose en uno de los mundos más queridos del Sistema Solar.