Una nueva ley en trámite busca reducir la iluminación innecesaria en la ciudad, con impacto en salud, energía… y el cielo nocturno.
23 March 2026
La imagen nocturna de Nueva York es una de las más reconocibles del mundo: rascacielos iluminados, pantallas encendidas a cualquier hora y una actividad constante que ha dado forma a su famoso lema de “la ciudad que nunca duerme”.
Pero ese modelo podría empezar a cambiar. Una propuesta legislativa en avance plantea reducir el uso innecesario de iluminación artificial durante la noche, especialmente en edificios de oficinas y espacios que permanecen iluminados sin actividad. El objetivo no es apagar la ciudad, sino hacerla más eficiente, saludable y sostenible.
Aunque aún se encuentra en fase de tramitación, la iniciativa apunta a varias medidas concretas:
Apagar o reducir la iluminación interior de edificios fuera del horario laboral
Limitar el uso de luz ornamental innecesaria durante la noche
Fomentar sistemas de iluminación más eficientes y controlados
Reducir el consumo energético asociado a la iluminación urbana
Se trata de un cambio que afecta tanto a grandes rascacielos como a otros espacios urbanos donde la luz permanece encendida sin una función real.
El impulso de esta ley no responde solo a una cuestión de ahorro. Cada vez hay más evidencia científica sobre los efectos de la luz artificial nocturna en la salud. Un tema del que hemos hablado recurrentemente en Turismodeestrellas.com
Dormir requiere oscuridad. El exceso de luz artificial en la noche afecta a la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño. Como explicaba el doctor Carlos Fernández Carrillo, Dr. en Medicina en en Hospital Puerta de Hierro de Madrid, en su artículo, “la contaminación lumínica podría matar el turismo… y a los turistas”. Los síntomas más habituales en zonas muy iluminadas durante la Navidad suelen ser:
Alteración del sueño
Aumento del estrés
Irritabilidad
Fatiga acumulada
Según el médico especialista, a la larga, estos síntomas incrementan el riesgo de enfermedades mentales, accidentes, infartos, obesidad, diabetes, e incluso puede que de cáncer.
Además, no podemos olvidar que nos somos los únicos habitantes del planeta. Y la iluminación nocturna tiene un impacto directo en la fauna:
aves migratorias desorientadas
insectos atraídos por fuentes de luz
alteraciones en ecosistemas nocturnos
Reducir la luz no es solo apagar bombillas. Es recuperar equilibrio.
Crédito: PhotopillsAunque no es el eje principal de la ley, hay un concepto que aparece cada vez con más fuerza en este tipo de iniciativas: la contaminación lumínica.
Se trata de un problema creciente en las grandes ciudades, donde el exceso de luz artificial no solo impide ver las estrellas, sino que genera un resplandor constante —conocido como skyglow— visible a decenas de kilómetros.
En ciudades como Nueva York, la Vía Láctea es prácticamente invisible desde hace décadas. Y aunque esta ley no pretende devolver las estrellas al skyline, sí abre una puerta: repensar cuánto, cómo y para qué iluminamos nuestras noches.
Lo que está ocurriendo en Nueva York no es un caso aislado. En los últimos años, cada vez más ciudades han comenzado a revisar sus modelos de iluminación. El objetivo es claro: reducir el exceso sin renunciar a la seguridad ni a la identidad urbana
Este movimiento conecta directamente con una idea que en el ámbito del astroturismo lleva tiempo consolidándose: el cielo nocturno es un recurso natural que también se puede proteger.
Mientras algunas ciudades intentan recuperar parte de la noche, otros territorios —especialmente zonas rurales y destinos certificados— han sabido conservarla.
La gran incógnita es hasta qué punto una ciudad como Nueva York puede transformar su modelo sin perder su esencia.
Probablemente no veremos un Manhattan completamente a oscuras. Pero sí podríamos empezar a ver una ciudad más consciente de su luz.
Una ciudad que entienda que iluminar mejor no siempre significa iluminar más.
Y en ese matiz, casi imperceptible, podría empezar a dibujarse algo que hoy parece imposible: una noche urbana en la que el cielo vuelva a tener algo que decir.