El telescopio Webb descarta atmósferas densas en varios planetas de TRAPPIST-1, aunque mantiene el interés en los más prometedores.
16 April 2026
El sistema TRAPPIST-1 lleva años siendo uno de los grandes protagonistas de la astronomía moderna, y no es casualidad: alberga siete planetas rocosos de tamaño similar al de la Tierra, varios en zona habitable, orbitando una estrella situada a solo 40 años luz. Es, en la práctica, el laboratorio más cercano y completo para estudiar cómo podrían ser otros mundos como el nuestro. Ahora, gracias a las nuevas observaciones del Telescopio Espacial James Webb, ese interés da un paso más: no para confirmar lo que esperábamos, sino para entender con mayor precisión qué es realmente posible en estos planetas.
Lejos de confirmar atmósferas densas o escenarios similares a la Tierra, Webb está permitiendo descartar hipótesis y afinar el retrato de este sistema. Y eso, en ciencia planetaria, es un avance decisivo.
Las observaciones más concluyentes se han centrado en los planetas interiores del sistema.
En el caso de TRAPPIST-1 b, Webb ha medido directamente su emisión térmica, estimando una temperatura diurna en torno a 500 K (unos 230 ºC). Estos datos encajan con un escenario en el que el planeta presenta una superficie rocosa oscura sin una atmósfera significativa, incapaz de redistribuir el calor entre su hemisferio diurno y nocturno.
Una situación similar se ha observado en TRAPPIST-1 c, donde la temperatura diurna ronda los 380 K (unos 107 ºC). En este caso, los datos permiten descartar una atmósfera densa rica en dióxido de carbono, como la de Venus. Si existe atmósfera, sería muy tenue.
Más allá de los planetas interiores, la atención se centra en aquellos que orbitan en la denominada zona habitable, especialmente TRAPPIST-1 d y e.
En el caso de TRAPPIST-1 d, Webb no ha detectado señales claras de moléculas habituales en atmósferas como la terrestre —como vapor de agua, metano o dióxido de carbono— en los datos obtenidos hasta ahora. Esto permite descartar una atmósfera densa fácilmente detectable, aunque no excluye la posibilidad de una envoltura gaseosa muy fina o condiciones más complejas.
Por su parte, TRAPPIST-1 e, considerado uno de los candidatos más interesantes del sistema, sigue generando expectación. Las observaciones han permitido descartar una atmósfera gruesa dominada por CO? o hidrógeno, pero dejan abierta la posibilidad de una atmósfera secundaria más delgada, lo que mantiene vivo su interés científico.
Una de las claves para entender estos resultados está en la propia estrella del sistema. TRAPPIST-1 es una enana roja ultrafría y activa, capaz de emitir radiación intensa y frecuentes llamaradas.
Este entorno puede provocar la pérdida progresiva de las atmósferas planetarias, especialmente en los mundos más cercanos. Por eso, uno de los grandes objetivos de Webb es determinar qué planetas han logrado conservar su atmósfera y cuáles no.
A pesar de estos resultados, TRAPPIST-1 sigue siendo uno de los sistemas más valiosos para la ciencia:
Alberga siete planetas rocosos de tamaño similar al terrestre
Varios se encuentran en la zona habitable
Está relativamente cerca en términos astronómicos
Esto lo convierte en el mejor laboratorio actual para estudiar cómo son realmente los planetas tipo Tierra fuera del Sistema Solar.
Las nuevas observaciones no descartan la posibilidad de mundos habitables en TRAPPIST-1, pero sí obligan a ajustar expectativas. La presencia de un planeta rocoso en zona habitable no garantiza condiciones adecuadas para la vida. Al contrario: factores como la atmósfera, la actividad estelar o la evolución del sistema juegan un papel determinante.
Y ahí es donde Webb está marcando la diferencia: no tanto encontrando respuestas definitivas, sino eliminando escenarios y acercándonos a los más plausibles.
Para quienes practican turismo de estrellas, este tipo de descubrimientos refuerzan una idea cada vez más clara: el universo está lleno de mundos, pero entenderlos requiere tiempo, precisión y tecnología.
El sistema TRAPPIST-1 no es solo un conjunto de planetas lejanos. Es un recordatorio de que, detrás de cada punto de luz en el cielo, puede haber historias complejas que apenas estamos empezando a descifrar.