El acuerdo convierte a la ESA en la primera agencia espacial que se incorpora a la iniciativa del Centro para la Protección del Cielo Oscuro y Silencioso.
19 October 2026
El cielo nocturno está cambiando a una velocidad sin precedentes. Miles de satélites artificiales orbitan ya nuestro planeta y su presencia comienza a plantear un problema cada vez mayor para los observatorios astronómicos. Ante este escenario, la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Unión Astronómica Internacional (IAU) han firmado un acuerdo para colaborar en la protección de los cielos oscuros y silenciosos, fundamentales para la investigación científica.
El memorando de intenciones se firmó el 7 de octubre de 2026, durante el Congreso Astronáutico Internacional celebrado en Antalya, Turquía, y fue anunciado oficialmente por la IAU dos días después.
El acuerdo convierte a la ESA en la primera agencia espacial que se incorpora a la iniciativa del Centro para la Protección del Cielo Oscuro y Silencioso frente a las Interferencias de las Constelaciones de Satélites (IAU CPS).
Su objetivo es promover tecnologías y prácticas que permitan compatibilizar el desarrollo de las actividades espaciales con la necesidad de preservar las condiciones de observación astronómica desde la Tierra.
La expansión de las constelaciones de satélites destinadas a ofrecer comunicaciones y otros servicios ha transformado el entorno orbital terrestre.
Aunque estos sistemas proporcionan importantes beneficios, también generan dificultades para la astronomía.
Una de las más visibles son las estelas luminosas que dejan los satélites al atravesar las imágenes obtenidas por los telescopios. Los objetos en órbita reflejan la luz solar y pueden aparecer como líneas brillantes que dificultan el estudio de estrellas, galaxias y otros objetos celestes.
El problema resulta especialmente relevante para los observatorios que fotografían grandes extensiones del firmamento y necesitan detectar fenómenos débiles o transitorios. Pero existe otra amenaza menos conocida: las interferencias radioeléctricas.
Los radiotelescopios estudian el Universo mediante señales extremadamente débiles procedentes del espacio. Las emisiones de los satélites pueden interferir en determinadas observaciones, dificultando la detección de esas señales cósmicas. Por eso la IAU habla de proteger tanto los cielos oscuros, necesarios para la astronomía óptica, como los cielos silenciosos, imprescindibles para la radioastronomía.
Constelaciones de Starlink captadas en mayo de 2019 / Autor: Mark LangbroekEl nuevo acuerdo no supone prohibir las constelaciones de satélites ni establece por sí mismo nuevas obligaciones legales para sus operadores.
Su principal valor reside en fomentar la cooperación entre quienes desarrollan tecnología espacial y quienes necesitan observar el Universo desde la superficie terrestre.
La ESA y el IAU CPS trabajarán para impulsar soluciones tecnológicas aplicables al diseño y funcionamiento de las naves espaciales que contribuyan a reducir su impacto sobre la astronomía.
Entre las medidas que se investigan en este ámbito se encuentran la reducción del brillo de los satélites, una mejor coordinación de sus operaciones y estrategias para disminuir las interferencias en las observaciones radioastronómicas.
La colaboración resulta especialmente significativa porque implica directamente a una agencia responsable de desarrollar y operar misiones espaciales.
Hasta ahora, buena parte del debate sobre el impacto de las grandes constelaciones se había centrado en las advertencias de los astrónomos y en las recomendaciones dirigidas a la industria.
La incorporación de la ESA abre una vía de cooperación desde el propio sector espacial, donde muchas de estas soluciones deberán aplicarse.
El problema afecta a instalaciones astronómicas distribuidas por todo el planeta, desde los telescopios ópticos situados en montañas de gran altitud hasta los grandes complejos de radioastronomía.
En lugares como el desierto de Atacama, en Chile, donde se encuentra el observatorio ALMA, la extraordinaria calidad del cielo y las condiciones atmosféricas permiten captar señales cósmicas de enorme debilidad.
También los observatorios de Canarias, en España, dependen de unas condiciones excepcionales para desarrollar investigaciones que abarcan desde la física solar hasta las galaxias más lejanas.
La contaminación lumínica terrestre ya representa un desafío importante para muchos de estos enclaves. Sin embargo, las constelaciones de satélites añaden una dificultad diferente: su impacto puede alcanzar incluso a observatorios situados en lugares remotos, lejos de las ciudades y de las principales fuentes de iluminación artificial.
Por eso proteger los cielos astronómicos exige actuar tanto sobre las actividades que se desarrollan en tierra como sobre las que tienen lugar en órbita.
Aunque el acuerdo entre la ESA y la IAU tiene una finalidad principalmente científica, también conecta con una cuestión especialmente relevante para el astroturismo y el turismo de estrellas: la conservación del cielo nocturno como patrimonio natural y cultural.
La observación de las estrellas no depende únicamente de disponer de telescopios avanzados. También necesita que el firmamento conserve unas condiciones que permitan disfrutarlo y estudiarlo.
En este sentido, iniciativas como las impulsadas por la Fundación Starlight llevan años defendiendo la protección del cielo nocturno y promoviendo un modelo de desarrollo turístico compatible con su conservación.
El nuevo acuerdo internacional incorpora a esta preocupación otro elemento: la necesidad de que el crecimiento de la actividad espacial tenga en cuenta sus consecuencias sobre la observación del Universo.
La tecnología que nos permite explorar el espacio no debería terminar impidiéndonos contemplarlo desde la Tierra. Esa es, en definitiva, la idea que impulsa esta nueva colaboración entre la Agencia Espacial Europea y la Unión Astronómica Internacional.