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PRIMA, el nuevo telescopio de NASA: ¿para qué necesitamos otro observatorio infrarrojo?

NASA selecciona una misión de hasta 1.200 millones de dólares para explorar una parte del Universo que Webb y Roman no pueden ver.

27 September 2026

El James Webb está revolucionando nuestra visión del Universo primitivo. El recién lanzado Nancy Grace Roman se prepara para cartografiar miles de millones de galaxias y buscar nuevos mundos. Entonces, ¿por qué necesita la NASA otro telescopio espacial infrarrojo?

La respuesta está en algo que nuestros ojos no pueden apreciar: el infrarrojo no es una única clase de luz.

La NASA acaba de seleccionar PRIMA (PRobe far-Infrared Mission for Astrophysics) para avanzar hacia la siguiente fase de desarrollo. Si supera su futura revisión de confirmación, se convertirá en el primer observatorio de una nueva categoría de misiones de astrofísica de la agencia estadounidense, las denominadas Probe Explorers. Su coste estará limitado a 1.200 millones de dólares, sin incluir el lanzamiento y otros gastos externos al proyecto, y el objetivo actual es enviarlo al espacio en 2033 para una misión inicial de cinco años. 

Y PRIMA no pretende sustituir a Webb ni a Roman. Al contrario: ha sido diseñado para observar lo que queda entre los grandes telescopios infrarrojos y la radioastronomía.

El hueco que queda entre Webb y los radiotelescopios

Imaginemos el espectro electromagnético como un enorme piano. Cada observatorio puede tocar determinadas teclas, pero ninguno puede interpretar por sí solo toda la melodía del Universo.

Webb observa principalmente en infrarrojo cercano y medio, hasta aproximadamente 28 micras. Más allá encontramos una región denominada infrarrojo lejano, fundamental para estudiar material frío y oculto tras grandes cantidades de polvo.

Y ahí tenemos actualmente un importante vacío observacional.

La NASA reconoce que no existe en funcionamiento ningún observatorio dedicado al infrarrojo lejano. Instalaciones terrestres como ALMA, en Chile, son extraordinariamente potentes en longitudes de onda milimétricas y submilimétricas, pero entre las capacidades de Webb y las de la radioastronomía queda una ventana del Universo que resulta muy difícil explorar con suficiente sensibilidad. 

PRIMA quiere ocupar precisamente ese espacio.

Su telescopio tendrá un espejo de 1,8 metros de diámetro y observará aproximadamente entre 24 y 261 micras, dependiendo del instrumento utilizado. Trabajará desde el punto de Lagrange L2 del sistema Sol-Tierra, la misma región del espacio elegida para Webb y Roman. 

Para conseguir la sensibilidad necesaria, el telescopio se mantendrá a unos extraordinarios 4,5 kelvin, alrededor de -269 ºC.Y esto tampoco es un capricho de ingeniería.

¿Por qué tiene que estar tan frío?

Un telescopio infrarrojo tiene un problema curioso: él mismo emite radiación infrarroja.

Si queremos detectar el débil calor procedente de objetos situados a millones o miles de millones de años luz, un observatorio demasiado caliente puede convertirse en parte del ruido que intenta medir. Es parecido a intentar encontrar una pequeña luciérnaga mientras tenemos delante un foco encendido.

Por eso PRIMA será enfriado hasta temperaturas muy próximas al cero absoluto. Así podrá detectar señales extremadamente débiles procedentes de polvo, gas, discos donde están naciendo planetas o galaxias ocultas que otros telescopios no pueden estudiar de la misma manera. 

Precisamente el polvo cósmico explica buena parte de la necesidad de PRIMA.

Puede ocultar a nuestra vista regiones donde nacen estrellas, agujeros negros que están creciendo o sistemas planetarios en formación. Pero ese polvo absorbe energía y después la vuelve a emitir en longitudes de onda infrarrojas, convirtiendo el infrarrojo lejano en una especie de ventana privilegiada hacia ese Universo escondido.

De dónde salió el agua de planetas como la Tierra

Entre las preguntas que PRIMA intentará responder hay algunas enormes y otras sorprendentemente cercanas a nosotros.

Una de ellas es cómo se forman los sistemas planetarios y cómo incorporan elementos esenciales para la aparición de mundos como la Tierra.

El observatorio podrá estudiar discos de gas y polvo alrededor de estrellas jóvenes y buscar las huellas químicas de diferentes materiales. NASA destaca expresamente que la misión ayudará a investigar cómo llegó a formarse y distribuirse el agua en sistemas planetarios, una pieza fundamental para comprender también la historia de nuestro propio planeta. NASA Jet Propulsion Laboratory

PRIMA estudiará igualmente cómo se acumularon el polvo y los elementos pesados a lo largo de la historia cósmica.

Y viajará, observacionalmente hablando, mucho más lejos.

Galaxias y agujeros negros escondidos por el polvo

Cuando observamos galaxias muy lejanas estamos mirando hacia atrás en el tiempo.

Pero parte de la actividad más intensa de esas galaxias puede permanecer oculta tras grandes cantidades de polvo. Eso dificulta reconstruir cuándo formaron sus estrellas o cómo crecieron simultáneamente los agujeros negros supermasivos alojados en sus centros.

El infrarrojo lejano permite estudiar precisamente esa energía escondida.

galaxia rodeada de polvo cósmicoEl núcleo de la galaxia W2246-0526 oculto por una espesa nube de polvo cósmico// Crédito: NRAO/AUI/NSF; Dana Berry / SkyWorks; ALMA (ESO/NAOJ/NRAO)

PRIMA realizará sondeos profundos destinados a investigar la evolución de las galaxias, el nacimiento de estrellas y el crecimiento de los agujeros negros a lo largo de la historia del Universo.  Para hacerlo llevará dos instrumentos principales.

PRIMAger combinará imágenes, espectrofotometría y polarimetría, mientras que FIRESS será un espectrómetro capaz de separar la radiación en diferentes longitudes de onda y buscar las firmas de moléculas, átomos y otros componentes del gas cósmico. 

No solo podremos saber que existe un objeto: podremos empezar a averiguar de qué está hecho y qué está ocurriendo en su interior.

Webb, Roman y PRIMA: tres telescopios, tres trabajos diferentes

Aquí está probablemente la clave para entender la nueva misión.

El James Webb posee un enorme poder para estudiar objetos concretos con gran detalle en el infrarrojo cercano y medio. Roman, que despegó el pasado 30 de agosto, está concebido especialmente para realizar grandes sondeos del cielo, investigar la energía y materia oscuras y descubrir exoplanetas.

Y, como hemos contado recientemente en Turismodeestrellas.com, la enorme precisión de su lanzamiento ha permitido que Roman pueda disponer de combustible para operar durante al menos 22 años.

PRIMA añadirá otra pieza al puzle: el infrarrojo lejano.

De hecho, la NASA plantea explícitamente la misión como complemento de los descubrimientos realizados por Webb y de futuras instalaciones como Roman, mientras que observatorios como ALMA podrán estudiar después esos mismos objetos desde otras longitudes de onda. 

La astronomía moderna funciona cada vez más de esta manera. Un mismo objeto puede observarse en luz visible, infrarrojo, radio, rayos X o gamma, y cada longitud de onda revela una parte diferente de su historia.

Una nueva categoría de misiones para NASA

PRIMA tiene además otra particularidad: será la primera misión seleccionada dentro de las nuevas Probe Explorers.

Esta categoría fue recomendada por el informe decenal de astronomía y astrofísica de las Academias Nacionales de Estados Unidos para crear misiones situadas entre los proyectos relativamente pequeños y los grandes observatorios espaciales multimillonarios. 

Pero todavía queda camino por recorrer.

La NASA ha seleccionado ahora PRIMA para entrar en la fase B, dedicada a desarrollar el diseño preliminar y continuar madurando las tecnologías necesarias. Posteriormente tendrá que superar una revisión de confirmación antes de recibir luz verde para pasar a la fase de implementación.

Por eso es más exacto decir que la NASA ha seleccionado PRIMA para avanzar en su desarrollo, y no que exista ya un telescopio completamente aprobado y listo para despegar.

Si supera esos pasos, 2033 será el año de referencia para su lanzamiento.

Para entonces, Webb llevará más de una década observando el cosmos y Roman habrá construido algunos de los mayores mapas astronómicos realizados hasta ahora.

PRIMA llegará para mirar allí donde ellos no pueden.

Porque cuando hablamos de observar el Universo, construir otro telescopio no significa necesariamente ver más lejos. A veces significa algo todavía más interesante: aprender a ver aquello que hasta ahora permanecía invisible.

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