Astronomía

Estrellas, linces y lobos: The Guardian descubre el turismo de la España rural

El diario británico recorre Extremadura y Castilla y León y encuentra en sus cielos oscuros, fauna, pueblos y gastronomía otra forma de viajar por España.

Cielos donde todavía se distingue la Vía Láctea, territorios en los que se recupera el lince ibérico, montañas donde vuelve a escucharse al lobo y pueblos que conservan paisajes, gastronomía y formas de vida propias. Es la imagen de la España rural que The Guardian acaba de mostrar a sus lectores internacionales y que demuestra que algunos de los territorios menos poblados del país conservan precisamente recursos cada vez más difíciles de encontrar en la Europa más urbanizada.

El diario británico ha publicado este 4 de octubre el reportaje «Alone with the stars, lynx and wolves in ‘Empty Spain’», centrado principalmente en Extremadura y Castilla y León. Más allá del recorrido concreto, la historia plantea una cuestión especialmente interesante para el turismo rural y el astroturismo: cómo convertir oscuridad, silencio, naturaleza y baja densidad de población en recursos capaces de atraer viajeros sin perder aquello que hace diferentes a estos territorios.

La oscuridad, un recurso de la España rural

Uno de los primeros elementos que llama la atención al medio británico es algo que conocemos bien en Turismodeestrellas.com: buena parte de la España interior conserva excelentes condiciones para contemplar el cielo nocturno.

El reportaje menciona enclaves extremeños como La Siberia o el Corral de los Lobos de La Garganta, en el Valle del Ambroz, dentro de una región que lleva años incorporando el cielo a su oferta turística. 

Lo interesante es precisamente el cambio de perspectiva. La ausencia de luz artificial deja de entenderse como una carencia para convertirse en patrimonio. Donde una gran ciudad borra miles de estrellas, muchos pueblos pueden ofrecer la Vía Láctea, observaciones astronómicas, astrofotografía o simplemente la experiencia —cada vez menos cotidiana— de permanecer bajo una noche realmente oscura.

De ahí que buena parte de los mejores destinos españoles para practicar astroturismo se encuentren precisamente lejos de los grandes núcleos urbanos.

Corral de los Lobos, valle del Ambroz / Crédito: Turismo Extremadura Donde regresan el lince y el lobo

Pero las estrellas son solo una parte de ese patrimonio natural. Uno de los aspectos más interesantes del reportaje británico es que relaciona la España poco poblada con la conservación y recuperación de su fauna salvaje.

Entre sus ejemplos aparece el lince ibérico, cuya situación ha cambiado radicalmente después de encontrarse al borde de la desaparición. The Guardian destaca el crecimiento de su población desde los niveles peligrosamente bajos de décadas anteriores y sitúa Monfragüe entre los paisajes vinculados a esa recuperación.

Y Monfragüe representa especialmente bien la conexión que interesa al turismo de estrellas: un mismo territorio puede ser extraordinario de día por su biodiversidad y de noche por su cielo. El Parque Nacional es una referencia para la observación de aves y también uno de los grandes enclaves astronómicos extremeños; de hecho, este año lo incluíamos entre los cielos más espectaculares para contemplar y fotografiar la Vía Láctea.

Lince ibérico / Autor:Arepiv / Uso de fotografía bajo licencia Depositphotos

También aparece el lobo ibérico, cuya recuperación en áreas como las montañas de Gredos, en Ávila, territorio famoso en el mapa del astroturismo, proporciona una imagen especialmente simbólica. También en el Corral de los Lobos de La Garganta, en Cáceres, una antigua construcción destinada precisamente a capturar estos animales, hoy pueden volver a escucharse sus aullidos.

Lobos bajo las estrellas donde antes existían trampas para cazarlos. Difícil encontrar una imagen mejor del cambio experimentado por algunos de estos paisajes rurales.

A ellos se suman águilas imperiales, buitres y otras especies que convierten el turismo de naturaleza y la observación de fauna en otro complemento natural del turismo astronómico.

Cielo y biodiversidad comparten territorio

No es casual que estos recursos aparezcan juntos.

Los cielos oscuros y la biodiversidad necesitan territorios bien conservados. La reducción de la iluminación artificial beneficia a la observación astronómica, pero también a numerosas especies y ecosistemas que dependen de los ciclos naturales de luz y oscuridad.

Por eso el turismo de estrellas encuentra aliados evidentes en el senderismo, el turismo ornitológico, la fotografía de naturaleza o la observación de fauna. Para los destinos rurales supone además una oportunidad muy concreta: ampliar la experiencia turística más allá de las horas de luz. Quien durante el día recorre un parque natural, observa aves o visita un pueblo puede continuar su jornada con una actividad astronómica cuando cae la noche.

Esa oportunidad ya se está aprovechando en buena parte de la España rural. Extremadura convertido el cielo en uno de los recursos de su promoción turística, mientras que Castilla y León cuenta también con numerosos enclaves rurales que han apostado por el astroturismo y la protección del cielo nocturno, desde la provincia de Ávila hasta Soria, Zamora, Segovia o Valladolid. Muchos de ellos cuentan además con certificaciones de la Fundación Starlight. Un modelo que se extiende por otras zonas rurales de España y al que todavía podrían sumarse muchos territorios que comparten los mismos ingredientes: buenos cielos, naturaleza y baja contaminación lumínica.

Crédito: Stellarium Ávila Mucho más que naturaleza: pueblos y gastronomía

El atractivo de esa España interior tampoco termina en sus espacios naturales. The Guardian presta atención a los pueblos, los pequeños comercios y la gastronomía, desde productos extremeños hasta el jamón ibérico, las setas, castañas, quesos o vinos que encuentra en tierras de Salamanca.

La Sierra de Francia, con localidades como La Alberca o San Martín del Castañar, sirve como ejemplo de una oferta en la que paisaje, arquitectura tradicional, productos locales y naturaleza permiten construir una experiencia muy distinta a la de los destinos españoles más masificados.

Es una combinación especialmente importante para el astroturismo. Nadie viaja únicamente para encontrar oscuridad: viaja a un territorio. Y cuanto más capaz sea ese territorio de combinar sus estrellas con gastronomía, patrimonio, senderismo, fauna o alojamientos rurales, mayor será su capacidad para transformar un buen cielo en una experiencia turística completa.

En TdE lo hemos visto también al hablar de alojamientos rurales especializados en astroturismo, que convierten la noche en un valor añadido para prolongar la estancia y diferenciar su oferta.

La otra cara de la «España vacía»

Sin embargo, sería peligroso romantizar la despoblación. Y el propio reportaje británico tampoco lo hace.

Que un viajero valore el silencio no significa que para quien vive allí la falta de población sea una ventaja. Menos habitantes pueden significar también menos comercios, servicios, oportunidades laborales y dificultades para mantener vivos los pueblos.

A ello se añaden amenazas que nada tienen que ver con la presión turística. Los graves incendios forestales de los últimos años recuerdan la vulnerabilidad de algunos de estos espacios naturales y la necesidad de que cualquier aprovechamiento turístico vaya acompañado de conservación y gestión del territorio.

Precisamente ahí puede tener sentido un modelo turístico basado en recursos que no necesitan transformarse para resultar atractivos.

El astroturismo, la observación de fauna, el senderismo, la gastronomía o el patrimonio pueden generar actividad económica a pequeña escala, favorecer alojamientos y empresas locales y ayudar a desestacionalizar las visitas. No solucionarán por sí solos la despoblación, pero sí pueden formar parte de una economía rural más diversificada.

Una España poco poblada, pero no vacía

Quizá por eso la etiqueta «España vacía» resulte especialmente paradójica después de leer el reportaje de The Guardian. Porque los territorios que aparecen en él están poco poblados, pero no están vacíos.

Están llenos de bosques, montañas, fauna, patrimonio, gastronomía, pueblos y paisajes culturales. Y conservan además algo que desaparece silenciosamente de buena parte del planeta: la oscuridad natural de la noche.

Para el turismo de estrellas, ahí existe una oportunidad evidente. No se trata de llenar esos lugares de visitantes ni de reproducir modelos turísticos masificados, sino de conseguir que conservar aquello que los hace diferentes tenga también valor económico para quienes viven en ellos.

Porque quizá una de las mayores riquezas de la España rural sea precisamente esa: tener todavía muchas cosas que el resto del mundo está empezando a echar de menos.