Astronomía

Planetas zombi y estrellas que devoran mundos: un Halloween fuera de la Tierra

Mundos alrededor de estrellas muertas, atmósferas que escapan y posibles lluvias de hierro: el universo tiene su propio catálogo de horrores.

Aunque nos encanta el astroturismo, reservar unas vacaciones en cualquiera de estos planetas sería una pésima decisión. En unos, la radiación de una estrella colapsada castiga el entorno; en otros, el calor permite que los metales se evaporen. También hay mundos que están perdiendo su atmósfera mientras giran peligrosamente cerca de su estrella. El terror espacial tiene argumentos que ningún guionista necesita inventar.

Para continuar nuestro especial de Halloween, dejamos atrás las nebulosas con apariencia de brujas y fantasmas y viajamos a sistemas planetarios reales cuyas condiciones desafían cualquier idea de un lugar acogedor.

La NASA ha convertido algunos de ellos en protagonistas de su colección Galaxy of Horrors, con carteles inspirados en el cine de terror. Detrás de la estética están las observaciones astronómicas, aunque conviene distinguir las evidencias de las hipótesis y recordar que sus ilustraciones son recreaciones artísticas.

Poltergeist y sus vecinos: planetas alrededor de un cadáver estelar

Los nombres ya anuncian problemas: Poltergeist, Phobetor y Draugr. Estos tres planetas orbitan el púlsar PSR B1257+12, también llamado Lich, a unos 2.000 años luz de la Tierra.

Un púlsar es una estrella de neutrones que gira rápidamente, un resto estelar extraordinariamente denso cuyas emisiones pueden detectarse como pulsos regulares. La expresión «estrella muerta» alude al final de su etapa anterior: el objeto sigue siendo muy activo y emite radiación.

Precisamente, pequeñas alteraciones en los tiempos de llegada de sus pulsos permitieron descubrir los planetas. Poltergeist y Phobetor fueron confirmados en 1992, convirtiéndose en los primeros exoplanetas confirmados; el descubrimiento de Draugr llegó en 1994. La búsqueda de otros mundos comenzó, por tanto, en un escenario bastante menos hospitalario que una segunda Tierra.

La NASA los presenta como «mundos zombi» por su relación con ese resto estelar y el intenso entorno de radiación. El apodo es una licencia divulgativa: no significa que se haya encontrado vida, ni que esos planetas hayan muerto y resucitado.

Estos mundos también tienen su propio cartel en la Galaxia de los Horrores de la NASA, cuya colección ya recorrimos en Turismodeestrellas.com: ciencia real con estética de cine de terror.

Cartel «Mundos zombi» de la NASA, inspirado en los planetas Poltergeist, Phobetor y Draugr, que orbitan el púlsar PSR B1257+12./ Crédito: NASA/JPL-Caltech. WASP-12 b: el planeta que pierde parte de sí mismo

El siguiente escenario tiene algo de relato de vampiros. WASP-12 b gira tan cerca de su estrella que completa una órbita en aproximadamente 1,1 días terrestres. Es un gigante gaseoso sometido a un calentamiento extremo y a enormes fuerzas de marea.

Las observaciones del telescopio espacial Hubble han revelado material de su atmósfera que escapa y se extiende más allá del planeta. La gravedad estelar también lo deforma, dando lugar a la conocida descripción de un mundo con forma de huevo.

Hablar de una estrella que «devora» un planeta resume ese proceso de pérdida de material. No hay una boca cósmica, pero sí una relación destructiva: la proximidad a la estrella está alterando la forma y la atmósfera del mundo que la orbita.

Su historia también explica por qué los sistemas planetarios no son escenarios inmóviles. Las órbitas, la radiación y las interacciones gravitatorias pueden transformar profundamente el destino de un planeta.

Representación artística del exoplaneta WASP-12b. Es el planeta más caliente conocido en la Vía Láctea y, potencialmente, el de menor duración./ Crédito: NASA WASP-76 b: cuando el pronóstico apunta a lluvia de hierro

En WASP-76 b, llevar paraguas no resolvería gran cosa. Este gigante ultracaliente tiene un hemisferio diurno que supera los 2.400 grados Celsius, una temperatura suficiente para vaporizar metales.

El planeta presenta siempre la misma cara a su estrella. Entre el lado iluminado y el nocturno existe una diferencia térmica enorme, y los vientos transportan material de una región a otra.

Las observaciones realizadas con el instrumento ESPRESSO, instalado en el Very Large Telescope de ESO, detectaron una distribución desigual del vapor de hierro. Los investigadores interpretaron esa señal como un indicio de que el hierro podría condensarse y precipitar en el hemisferio nocturno, más frío.

Por eso, la expresión «lluvia de hierro» describe una interpretación científica respaldada por observaciones, no una tormenta fotografiada directamente. La cautela no le resta fuerza al escenario: allí, elementos que asociamos con objetos sólidos pueden formar parte del tiempo atmosférico.

Representación artística del lado nocturno de WASP-76 b / Crédito: ESO Un catálogo de horrores que también cuenta nuestra historia

Estos mundos muestran hasta qué punto un planeta puede diferir de la Tierra. Estudiarlos permite investigar cómo se forman los sistemas planetarios, cómo evolucionan sus atmósferas y qué ocurre cuando una estrella transforma su entorno.

También nos obligan a mirar con otros ojos nuestro propio hogar. Una atmósfera respirable, temperaturas compatibles con agua líquida y una distancia adecuada al Sol no son detalles menores del paisaje.

Para una noche de turismo de estrellas, estos destinos funcionan mejor como historias que como propuestas de viaje. Podemos buscarlos en los catálogos, conocer sus estrellas y dejar que la imaginación complete el trayecto. Este Halloween, quedarse en la Tierra parece una decisión bastante sensata.