Astronomía
Día de la Luna: de las huellas del Apolo 11 al nuevo regreso con Artemis
El Día Internacional de la Luna recuerda el alunizaje del Apolo 11 y mira a una nueva etapa marcada por Artemis y la cooperación espacial.
El 20 de julio de 1969, mientras cientos de millones de personas seguían la retransmisión desde la Tierra, el módulo lunar Eagle se posó en el Mar de la Tranquilidad. Poco después, Neil Armstrong y Buzz Aldrin descendieron a la superficie, mientras Michael Collins continuaba orbitando la Luna a bordo del módulo de mando Columbia. Aquella misión convirtió a la Luna en el único mundo, más allá del nuestro, sobre el que ha caminado el ser humano.
Hoy, 57 años después del alunizaje del Apolo 11, aquella fecha ya no pertenece únicamente a la historia de la NASA. Cada 20 de julio se celebra el Día Internacional de la Luna, una conmemoración oficial de Naciones Unidas que recuerda los grandes logros de la exploración lunar, pero también invita a reflexionar sobre su futuro, su aprovechamiento sostenible y la necesidad de cooperación entre países.
La fecha llega, además, en un momento especialmente simbólico. Tras décadas en las que ninguna persona volvió a viajar hasta el entorno lunar, el programa Artemis ha inaugurado una nueva etapa que ya no persigue repetir las misiones Apolo, sino aprender a explorar la Luna durante periodos más largos y convertirla en un laboratorio para preparar futuros viajes a Marte.
Llegada del hombre a la luna en 1969 / Crédito: NASA Por qué el Día Internacional de la Luna se celebra el 20 de julioLa Asamblea General de Naciones Unidas declaró oficialmente esta efeméride en diciembre de 2021, dentro de una resolución dedicada a la cooperación internacional en los usos pacíficos del espacio ultraterrestre.
La elección del día no deja demasiado margen al misterio. El 20 de julio conmemora el aterrizaje del Apolo 11, aunque el primer paso sobre la superficie se produjo ya durante el día 21 según el Tiempo Universal. Las diferencias horarias han acompañado a esta historia casi tanto como la famosa frase de Armstrong.
Según explica la página oficial de Naciones Unidas sobre el Día Internacional de la Luna?, la celebración no se limita a mirar al pasado. También pretende aumentar la conciencia pública sobre la exploración y utilización sostenible de nuestro satélite.
Conviene no confundirla con la Noche Internacional de Observación de la Luna, una iniciativa divulgativa promovida por la NASA que cambia de fecha cada año y suele celebrarse cuando el terminador lunar permite apreciar especialmente bien cráteres, montañas y mares. En Turismodeestrellas.com ya hemos ofrecido algunos consejos para observar la Luna?, pero la efeméride del 20 de julio tiene un carácter histórico, científico y político mucho más amplio.
Una Luna, una visión, un futuroEl lema elegido para 2026 es “Una Luna, una visión, un futuro”, una fórmula que resume bastante bien el nuevo escenario de la exploración espacial.
La Luna es un destino compartido, pero el número de actores interesados en ella ha crecido enormemente desde los tiempos del Apolo. Estados Unidos, China, India, Japón, Rusia y distintas agencias europeas desarrollan misiones o tecnologías lunares, mientras empresas privadas trabajan en módulos de aterrizaje, comunicaciones, transporte y aprovechamiento de recursos.
La celebración central de 2026 tiene lugar en Bogotá, Colombia, acompañada por actividades científicas, culturales y educativas organizadas en distintos países. La programación internacional se extiende, de hecho, durante varios meses para acercar al público las oportunidades y también los desafíos que plantea la nueva carrera lunar.
Porque volver a la Luna ya no consiste simplemente en plantar una bandera, recoger unas rocas y regresar. Supone decidir cómo se protegerán los lugares históricos, de qué manera se compartirán los datos científicos, qué normas regirán las actividades comerciales y cómo evitar que la exploración termine reproduciendo fuera de la Tierra los mismos problemas que conocemos aquí.
Del Apolo 11 a Artemis: dos formas distintas de viajar a la LunaLas misiones Apolo nacieron en plena Guerra Fría y estuvieron impulsadas por una competición política y tecnológica entre Estados Unidos y la Unión Soviética. El objetivo era claro: demostrar quién podía llegar primero.
Artemis parte de un contexto diferente. Aunque la competencia internacional no ha desaparecido —ni muchísimo menos—, el programa está construido sobre la colaboración entre la NASA, la Agencia Espacial Europea, la Agencia Espacial Canadiense, la japonesa JAXA y numerosos socios industriales.
En abril de 2026, Artemis II llevó a cuatro astronautas alrededor de la Luna, convirtiéndose en el primer vuelo humano hasta su entorno en más de medio siglo. La misión probó la nave Orion con tripulación y devolvió a la humanidad una perspectiva que ninguna persona había contemplado desde diciembre de 1972.
Puedes recordar aquel viaje en nuestro reportaje “Artemis II: la humanidad regresa a la Luna 53 años después”? y en la información sobre su histórico despegue y sus primeras horas de vuelo?.
Sin embargo, el próximo alunizaje tripulado aún tendrá que esperar. Según la arquitectura actualizada por la NASA, Artemis III, prevista para 2027, probará en órbita terrestre sistemas y procedimientos necesarios para las futuras operaciones lunares. El regreso de astronautas a la superficie está ahora vinculado a Artemis IV, prevista para 2028.
Es un calendario complejo y sujeto a cambios, como casi todo lo relacionado con vuelos espaciales tripulados. Pero marca una diferencia esencial respecto al siglo XX: esta vez el objetivo declarado no es realizar una visita breve, sino establecer una presencia sostenible.
¿Qué busca la humanidad en la Luna?La Luna conserva una historia geológica que la Tierra ha ido borrando mediante la erosión, la tectónica y la actividad biológica. Sus rocas pueden ayudar a reconstruir los primeros tiempos del Sistema Solar y a comprender mejor cómo se formaron nuestro planeta y su satélite.
Las regiones polares despiertan un interés especial porque contienen depósitos de hielo de agua en cráteres que permanecen en sombra casi perpetua. Ese hielo podría estudiarse como archivo científico y, en el futuro, emplearse para obtener agua, oxígeno o incluso combustible. La posibilidad resulta prometedora, aunque plantea preguntas delicadas sobre quién puede utilizar esos recursos y bajo qué condiciones.
La cara oculta también ofrece un entorno excepcional para instalar radiotelescopios protegidos de las interferencias generadas en la Tierra. Y la menor gravedad lunar puede convertir nuestro satélite en un lugar estratégico para probar tecnologías antes de enviarlas a Marte.
En TdE ya nos hemos preguntado cómo sería vivir en la Luna y construir los primeros asentamientos humanos?. No será sencillo: la radiación, el polvo abrasivo, las temperaturas extremas y la reducida gravedad obligarán a replantear prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana.
En la imagen se ve la nave de reabastecimiento Progress 75 de la ISS, con la luna llena sobre el horizonte terrestre, separándose de la Estación Espacial Internacional poco después de desacoplarse del módulo de servicio Zvezda./ CRédito: NASA La Luna también se contempla desde la TierraEl futuro lunar se escribe con cohetes, laboratorios y acuerdos internacionales, pero nuestra relación con ella sigue comenzando de una forma mucho más sencilla: levantando la vista.
No hace falta esperar a una luna llena para disfrutarla. De hecho, las fases intermedias suelen ser más interesantes para observar su relieve, porque las sombras proyectadas cerca del terminador permiten distinguir mejor montañas, cráteres y valles.
A simple vista pueden reconocerse las grandes manchas oscuras que antiguamente fueron interpretadas como mares. Con unos prismáticos aparecen ya algunos de sus cráteres más destacados, y un telescopio modesto convierte su superficie en un paisaje sorprendentemente cercano.
La Luna es, además, una magnífica puerta de entrada a la astronomía. Puede observarse desde una ciudad, cambia de aspecto cada noche y permite entender de forma intuitiva conceptos como las fases, las órbitas, los eclipses o las mareas.
El mundo que nunca ha dejado de acompañarnosLa exploración lunar suele narrarse como una sucesión de gestas: el primer impacto de una sonda, el primer alunizaje, las primeras huellas o el regreso de una nave tripulada. Pero el Día Internacional de la Luna propone una mirada más amplia.
Nuestro satélite fue calendario antes de que existieran los calendarios, inspiró dioses, relatos y obras de arte, ayudó a medir el tiempo y transformó para siempre la ciencia cuando Galileo dirigió hacia él su telescopio. Más tarde se convirtió en destino, frontera tecnológica y símbolo de lo que la humanidad podía conseguir.
Ahora comienza una etapa distinta. El reto ya no consiste únicamente en regresar, sino en hacerlo de una forma responsable, científica y compartida.
Las huellas del Apolo 11 siguen allí, intactas bajo un cielo sin aire ni viento. Las próximas todavía no se han impreso. Y quizá esa sea la mejor razón para celebrar este 20 de julio: recordar hasta dónde hemos llegado mientras decidimos, entre todos, cómo queremos dar el siguiente paso.