Cielos del hemisferio sur: viaje a las constelaciones que nunca verás desde Europa

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Cielos del hemisferio sur: viaje a las constelaciones que nunca verás desde Europa

La Cruz del Sur, las Nubes de Magallanes o el Saco de Carbón forman parte del paisaje habitual en el hemisferio sur. Te ayudamos a encontrarlos.

La primera vez que cruzas el ecuador para observar estrellas ocurre algo extraño. Sales al exterior esperando encontrar las mismas referencias que te han acompañado toda la vida y, de repente, no están.

Buscas la Osa Mayor. No aparece.

Intentas localizar la Estrella Polar. Tampoco.

Incluso algunas constelaciones familiares parecen haberse desplazado de sitio.

Durante unos minutos tienes la sensación de haber olvidado cómo orientarte bajo las estrellas.

Y entonces empiezan a surgir otras formas. Otras figuras. Otras historias.

Porque el hemisferio sur no solo ofrece algunos de los mejores cielos oscuros del planeta. También permite descubrir una parte del firmamento completamente desconocida para la mayoría de los europeos. Una parte del cielo donde brillan constelaciones que, según tu latitud, nunca has visto, donde aparecen galaxias visibles a simple vista y donde la Vía Láctea adquiere una perspectiva diferente, más rica y más espectacular.

Uso de imagen bajo licencia Depositphotos La Cruz del Sur: la constelación que guía a medio planeta

Si existe una imagen asociada al cielo austral es la Cruz del Sur.

Pequeña pero inconfundible, aparece representada en las banderas de Australia, Nueva Zelanda, Papúa Nueva Guinea o Brasil. Durante siglos ayudó a navegantes y exploradores a orientarse en el hemisferio sur, desempeñando un papel similar al que tiene la Estrella Polar en el norte.

Lo curioso es que, para la mayoría de europeos, sigue siendo casi un mito astronómico. Sabemos que existe, hemos visto fotografías e incluso aparece en libros y documentales, pero rara vez la hemos contemplado con nuestros propios ojos.

Uno de los mejores lugares para hacerlo es Chile, con algunos destinos de astroturismo de los que hemos hablado en numerosas ocasiones en Turismodeestrellas.com. Bajo algunos de los cielos más transparentes del planeta, la Cruz del Sur destaca con una claridad extraordinaria.

Crónica de viaje de los fotógrafos españoles en Chile

Pero no es el único país en América Latina donde disfrutar del cielo del hemisferio Sur: Argentina, Colombia, México, Ecuador o Perú están llenos de lugares 

También puede contemplarse en otros destinos africanos que ya han pasado por nuestras páginas, donde las estrellas parecen mirarnos a los ojos. Incluso podemos perdernos en la inmensidad de la noche de algunos destinos de astroturismo en Australia, donde la oscuridad sigue siendo parte del paisaje.

Cruz del Sur / Autor: Antonia Ferretti / WKMCC Otras constelaciones en el hemisferio Sur

Además de la Cruz del Sur, el hemisferio sur guarda constelaciones que para un observador europeo resultan casi legendarias. Una de las más importantes es Centauro, una figura enorme que ocupa una región riquísima del cielo austral. En ella se encuentra Alpha Centauri, el sistema estelar más cercano al Sol, y también Omega Centauri, un cúmulo globular tan brillante que puede verse a simple vista desde cielos oscuros.

Muy cerca aparece Carina, heredera de la antigua constelación de Argo Navis, donde brilla Canopus, la segunda estrella más brillante del cielo nocturno. En esta región se encuentra también la Nebulosa de Carina, una de las grandes joyas del firmamento austral y un objetivo espectacular para prismáticos, telescopios pequeños y astrofotografía.

Más al sur, constelaciones como Dorado y Tucana sirven de marco a dos de los objetos más extraordinarios visibles desde el hemisferio austral: la Gran y la Pequeña Nube de Magallanes. Aunque solemos hablar de ellas como galaxias, también forman parte del paisaje de estas constelaciones, convirtiendo el cielo austral en una experiencia muy distinta a la que conocemos desde Europa.

Pocas experiencias astronómicas impresionan tanto a quienes las observan por primera vez. Estamos acostumbrados a pensar que las galaxias son objetos reservados a telescopios potentes, pero aquí aparecen ante nosotros sin necesidad de ningún instrumento.

Las mejores oportunidades para contemplarlas suelen encontrarse en destinos con muy baja contaminación lumínica, como la Patagonia, Namibia, algunas regiones del interior de Australia o zonas remotas de Nueva Zelanda.

Y luego están esas constelaciones discretas, casi desconocidas para quienes observamos desde el norte, pero habituales en los mapas australes: Pavo, Grulla, Hydrus, Triángulo Austral o Mosca. Sus nombres quizá no sean tan populares como Orión o la Osa Mayor, pero verlas por primera vez tiene algo de descubrimiento íntimo: la certeza de que el cielo era mucho más grande de lo que imaginabas.

Nube de Magallanes / Uso de imagen bajo licencia Depositphotos El Saco de Carbón y la Vía Láctea que no conocemos

Curiosamente, uno de los objetos más famosos del cielo austral no es una estrella ni una galaxia. Es una sombra.

El llamado Saco de Carbón es una enorme nube oscura situada junto a la Cruz del Sur. Desde lugares realmente oscuros aparece como una mancha negra perfectamente definida incrustada en la brillante banda de la Vía Láctea.

Para numerosos pueblos indígenas australianos ha formado parte de relatos tradicionales durante miles de años y sigue siendo uno de los elementos más llamativos del cielo austral.

Además, la propia Vía Láctea se presenta de forma diferente a como la vemos desde Europa. Las regiones centrales de nuestra galaxia alcanzan una altura mucho mayor sobre el horizonte y muestran detalles que difícilmente pueden apreciarse desde latitudes más septentrionales.

Cruz del Sur y nebulosa Saco de Carbón/ Autor: Fedaro - Trabajo propio / WKMCC Un viaje que empieza cuando desaparecen las referencias

Lo más curioso de observar el cielo desde el hemisferio sur no es descubrir nuevas constelaciones, sino perder las "conocidas" o las antiguas, ya que desaparecen las referencias que has utilizado toda la vida. El firmamento deja de ser familiar y recupera algo que en ocasiones hemos perdido: la capacidad de sorprendernos.

Quizá por eso tantos viajeros recuerdan su primera noche austral como uno de los momentos más intensos de sus aventuras astronómicas. Porque viajar al hemisferio sur no consiste únicamente en cambiar de continente, de idioma o de estación. También significa descubrir que existe otro cielo que llevaba toda la vida esperándote al otro lado del planeta.