Astronomía

Brujas, calaveras y fantasmas: los monstruos que se esconden en el espacio

El universo está lleno de figuras inquietantes. Descubre qué esconden y por qué nuestro cerebro encuentra monstruos entre las estrellas.

Una bruja vigila a Orión, un fantasma abre sus ojos en otra galaxia y una calavera flota en la oscuridad. No son los protagonistas de una película de terror espacial, sino algunas de las figuras que los telescopios han encontrado en el universo y que, cada Halloween, vuelven a despertar nuestra imaginación.

Tras sus nombres inquietantes se esconden nubes de gas y polvo, estrellas en formación y restos de astros que llegaron al final de su vida. Sus formas nos resultan familiares por un fenómeno llamado pareidolia: la tendencia a reconocer rostros, animales u objetos en patrones que no representan realmente esas figuras.

La misma imaginación que nos hace encontrar un rostro en una nube terrestre transforma una nebulosa en una bruja. Pero, cuando los astrónomos observan más allá de ese parecido, descubren historias de nacimiento y muerte estelar que no necesitan efectos especiales.

En Turismodeestrellas.com ya habíamos recorrido algunas de estas nebulosas aterradoras para Halloween. Ahora volvemos a mirarlas para descubrir qué hay detrás de sus disfraces cósmicos.

La Cabeza de Bruja que mira a Orión

Con su nariz puntiaguda y su perfil azulado, la nebulosa Cabeza de Bruja parece salida de un cuento. Su nombre oficial es IC 2118 y su silueta se encuentra cerca de la brillante Rigel, una de las estrellas más fáciles de reconocer en la constelación de Orión.

La bruja no brilla por un hechizo propio. Se trata de una nebulosa de reflexión: sus partículas de polvo dispersan la luz que reciben de Rigel. Su tono azulado se debe tanto al color de la estrella como a que el polvo dispersa la luz azul con mayor eficacia que la roja.

Esa diferencia permite a los astrónomos estudiar cómo interactúa la luz estelar con el material que flota entre las estrellas. A nosotros, además, nos deja un retrato perfecto para abrir la noche más terrorífica del año.

 IC 2118, Nebulosa Cabeza de Bruja / Crédito de la imagen: NASA/STScI Digitized Sky Survey/Noel Carboni Una calavera con una estrella en el centro

La siguiente parada parece todavía menos acogedora. La nebulosa Calavera, conocida como NGC 246, muestra en algunas fotografías dos zonas oscuras que recuerdan a las cuencas de un cráneo. Se encuentra en dirección a la constelación de la Ballena, a unos 1.600 años luz de la Tierra.

La imagen obtenida por el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral muestra el gas expulsado por una estrella semejante al Sol durante las últimas etapas de su vida. En el centro permanece su núcleo: una enana blanca, pequeña y muy caliente.

Aunque se denomina nebulosa planetaria, no es un planeta. El nombre procede de la apariencia que algunos de estos objetos tenían en los primeros telescopios. NGC 246 ofrece, en realidad, una visión del futuro que espera a estrellas como la nuestra, aunque para ello aún falten miles de millones de años.

 La misteriosa Nebulosa Calavera capturada con asombroso detalle por el Very Large Telescope (VLT) del ESO,/ Crédito: ESO El fantasma de otra galaxia

Si la calavera parece inquietante, la nebulosa Cabeza de Fantasma tiene un rostro que casi invita a ponerle una sábana. Sus dos zonas brillantes recuerdan a unos ojos, pero en su interior se desarrolla una historia mucho más luminosa.

La NGC 2080 es una región de formación estelar situada en la Gran Nube de Magallanes, una galaxia vecina de la Vía Láctea que puede observarse desde buena parte del hemisferio sur. El telescopio espacial Hubble permitió estudiar sus nubes de gas y el efecto de las estrellas jóvenes y masivas que se encuentran en ellas.

Los supuestos ojos corresponden a dos regiones brillantes de gas, llamadas A1 y A2. En ellas, la radiación y los vientos de estrellas recién nacidas están modificando su entorno. Así que, bajo su disfraz de fantasma, esta nebulosa nos habla del nacimiento de nuevas estrellas.

NGC 2080, la Nebulosa Cabeza Fantasma / Crédito: NASA/ESA y Mohammad Heydari-Malayeri (Observatorio de París, Francia) El gran ojo de la nebulosa de la Hélice

Hay imágenes del universo que parecen devolvernos la mirada. Una de las más famosas es la nebulosa de la Hélice, o NGC 7293, cuya estructura circular recuerda a un enorme ojo rodeado de colores.

Situada en la constelación de Acuario, a unos 650 años luz, es una de las nebulosas planetarias más próximas a la Tierra. Como en el caso de la Calavera, se formó cuando una estrella semejante al Sol expulsó sus capas exteriores y dejó al descubierto una enana blanca.

El Hubble ha permitido contemplar detalles de su estructura, mientras que otros observatorios han revelado distintos componentes del gas y el polvo. Cada imagen aporta información sobre el objeto: el aspecto del ojo cambia según el instrumento y el tipo de luz observado.

C63 (NGC 7293) – La Nebulosa de la Hélice / Crédito: NASA, NOAO, ESA, el equipo de la Nebulosa de la Hélice del Hubble, M. Meixner (STScI) y TA Rector (NRAO). La mano que nace de una estrella colapsada

La última figura de nuestro recorrido parece extender sus dedos hacia una nube rojiza. Es la Mano Fantasmal, una estructura conocida como MSH 15-52, que ya protagonizó una de nuestras anteriores selecciones de Halloween.

En su interior se encuentra un púlsar, el núcleo extremadamente denso de una estrella masiva que colapsó. El objeto gira rápidamente y genera un viento de partículas energéticas que contribuye a formar la nebulosa que lo rodea.

Los telescopios de rayos X de la NASA han permitido estudiar esta estructura y sus campos magnéticos. La imagen puede sugerir una mano gigantesca, pero también muestra cómo un resto estelar sigue influyendo en el espacio que lo rodea.

Nebulosa Mano fantasmal / Crédito: Rayos X: NASA/CXC/Stanford Univ./R. Romani et al. (Chandra); NASA/MSFC (IXPE); Infrarrojos: NASA/JPL-Caltech/DECaPS; Procesamiento de imágenes: NASA/CXC/SAO/J. Schmidt Un universo de colores y formas

Estas fotografías combinan observaciones obtenidas con instrumentos y filtros diferentes. En ocasiones, los colores representan luz que nuestros ojos no pueden percibir, como el infrarrojo o los rayos X; en otras, ayudan a distinguir elementos y estructuras. Por eso, no siempre muestran el aspecto que tendría el objeto ante nuestros ojos.

Tampoco estas nebulosas se contemplan desde cualquier lugar como aparecen en las imágenes de los observatorios. Algunas requieren telescopios, cielos oscuros o técnicas de fotografía; otras han sido captadas mediante instrumentos espaciales. Aun así, conocer las constelaciones y regiones donde se encuentran puede convertir una noche de observación en una búsqueda de lo más original.

Este Halloween, mientras los disfraces y las calabazas toman las calles, merece la pena levantar la vista. Puede que no veamos a la bruja ni al fantasma a simple vista, pero sabremos que el universo guarda historias capaces de competir con las mejores criaturas de la noche.