Astronomía

Japón lanza con éxito una misión a una luna de Marte para traer muestras a la Tierra

La sonda MMX ya viaja hacia Fobos, la mayor luna de Marte. Su objetivo es recoger muestras de su superficie y traerlas a la Tierra en 2031.

Japón ha iniciado con éxito una de sus misiones espaciales más ambiciosas. La sonda MMX (Martian Moons eXploration), de la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA), despegó el 20 de octubre de 2026 rumbo a Fobos, una de las dos lunas de Marte, con el objetivo de recoger muestras de su superficie y traerlas a la Tierra en 2031.

El lanzamiento se produjo a las 04:41, hora local de Japón (19 de octubre, 19:41 UT), desde el Centro Espacial de Tanegashima, a bordo de un cohete japonés H3. La agencia espacial confirmó que el despegue se desarrolló según lo previsto y que la sonda se separó correctamente del lanzador unos 71 minutos después, iniciando así su viaje interplanetario.

Su destino no será directamente la superficie del planeta rojo, sino Fobos, la mayor y más cercana de sus dos pequeñas lunas. Un mundo oscuro, irregular y lleno de cráteres que podría esconder algunas de las claves sobre el origen de Marte y la formación del Sistema Solar.

Si todo sale según lo previsto, MMX regresará en 2031 con al menos diez gramos de material procedente de Fobos, convirtiéndose en la primera misión capaz de traer muestras de una luna marciana a nuestro planeta.

¿Por qué Japón quiere explorar Fobos?

Marte tiene dos satélites naturales, Fobos y Deimos, mucho más pequeños e irregulares que nuestra Luna. Ambos han sido estudiados por diferentes misiones espaciales, como la europea Mars Express, que incluso consiguió fotografiar una singular alineación de Deimos con Júpiter y sus lunas. Sin embargo, todavía existen importantes incógnitas sobre su origen y composición.

Fobos mide unos 22 kilómetros de diámetro medio y gira alrededor de Marte a una distancia extraordinariamente corta. Su superficie está cubierta de polvo, rocas y numerosos cráteres, entre los que destaca el gigantesco Stickney.

Pero lo más interesante es que todavía no sabemos con certeza cómo se formaron las dos lunas marcianas.

Imagen compuesta en falso color de Fobos capturada por el Orbitador de Reconocimiento de Marte en 2008./ Crédito: NASA/JPL Caltech

Una hipótesis sostiene que son antiguos asteroides capturados por la gravedad de Marte. Otra plantea que nacieron a partir de los fragmentos expulsados por una enorme colisión entre Marte y otro cuerpo celeste.

La diferencia es fundamental. Si Fobos procede de un asteroide, podría conservar materiales primitivos del Sistema Solar. Si se formó tras un impacto, su composición debería contener pistas sobre la historia del propio Marte.

Analizar directamente sus rocas y su polvo permitirá investigar estas teorías con una precisión imposible de alcanzar únicamente mediante fotografías y observaciones remotas.

Y existe una posibilidad adicional: que parte del material acumulado sobre Fobos proceda de impactos sufridos por Marte a lo largo de millones de años.

Por tanto, algunas de las partículas recogidas podrían ofrecer información sobre el planeta rojo sin necesidad de aterrizar en su superficie.

Marte en el punto de mira de todos los rovers Un pequeño robot europeo explorará la luna marciana

Aunque MMX está liderada por Japón, la misión cuenta con una importante participación internacional.

Uno de sus protagonistas será IDEFIX, un pequeño vehículo explorador desarrollado conjuntamente por el Centro Nacional de Estudios Espaciales de Francia (CNES) y el Centro Aeroespacial Alemán (DLR).

Este robot, que ya viaja a bordo de MMX, descenderá sobre Fobos antes de que lo haga la nave principal.

Su misión consistirá en investigar las características físicas del terreno, observar su composición y estudiar cómo se comporta el polvo en un entorno de gravedad extremadamente débil.

La información que obtenga ayudará a preparar las posteriores operaciones de aterrizaje y recogida de muestras.

La participación internacional incluye también a NASA, que aporta tecnología científica para la misión, y a la Agencia Espacial Europea (ESA), que proporcionará apoyo en comunicaciones y seguimiento.

Recoger diez gramos de polvo y regresar a casa

Tras un viaje de aproximadamente un año, MMX tiene previsto llegar a las proximidades de Marte en 2027.

Durante los siguientes años realizará observaciones de Fobos desde una órbita próxima, estudiando su forma, composición, estructura y características superficiales.

Después llegará una de las fases más delicadas: descender hasta la superficie de Fobos.

La misión prevé realizar operaciones de aterrizaje y utilizar dos sistemas de recogida de muestras. Uno extraerá material mediante un mecanismo de perforación superficial y otro empleará gas a presión para levantar partículas y capturarlas.

El objetivo es reunir al menos diez gramos de regolito, el material suelto que cubre la superficie de la luna.

Puede parecer una cantidad insignificante, pero en los laboratorios terrestres esos pocos gramos podrán estudiarse con instrumentos mucho más potentes y diversos que los que pueden viajar a bordo de una sonda espacial.

Una vez completada la exploración de Fobos, MMX también realizará observaciones de Deimos, la segunda luna marciana.

La salida del entorno de Marte está prevista para 2030 y, tras aproximadamente otro año de viaje, la cápsula con las muestras deberá regresar a la Tierra en 2031, con recuperación prevista en Australia.

Japón quiere repetir el éxito de Hayabusa2

MMX representa un nuevo paso para un país que ya ha demostrado una extraordinaria capacidad para recuperar materiales de otros mundos.

En 2020, la misión japonesa Hayabusa2 consiguió traer a la Tierra muestras del asteroide Ryugu. Su análisis permitió realizar descubrimientos tan interesantes como la presencia de un componente esencial del ARN y vitamina B3 en el material del asteroide, reforzando el interés científico por estudiar muestras extraterrestres en laboratorios terrestres.

La nueva misión pretende aprovechar aquella experiencia y trasladarla a un escenario mucho más complejo.

No se trata únicamente de llegar a Fobos. MMX tendrá que operar durante años a cientos de millones de kilómetros de la Tierra, aproximarse a un cuerpo de gravedad muy reducida, recoger muestras y emprender después el viaje de regreso.

El proyecto también servirá para desarrollar tecnologías que podrían resultar útiles en futuras misiones de exploración de Marte.

Pero su principal objetivo sigue siendo científico: comprender cómo se formaron las lunas marcianas y qué pueden contarnos sobre la historia de nuestro Sistema Solar.

La respuesta podría encontrarse en apenas diez gramos de polvo.

Si Japón consigue traerlos a la Tierra, Fobos dejará de ser únicamente una pequeña luna fotografiada por las sondas espaciales para convertirse en un mundo que podremos estudiar directamente en nuestros laboratorios.