Astronomía
¿Por qué últimamente vemos más fenómenos extraños en el cielo?
Auroras en lugares inesperados, nubes raras, luces o destellos sorprendentes no son casualidad: la ciencia explica por qué el cielo está más activo.
En los últimos meses, muchas personas tienen la sensación de que “están pasando más cosas raras en el cielo”. Fotografías de auroras boreales en latitudes inusuales, bolas de fuego cruzando la noche, luces alineadas que aparecen y desaparecen o nubes con formas casi irreales se han multiplicado en redes sociales y medios de comunicación, creando en algunos la sensación de que se suceden fenómenos extraños relacionados con la astronomía con más frecuencia.
Pero, lejos de explicaciones extraordinarias, la astronomía y la ciencia atmosférica ofrecen respuestas claras —y fascinantes— a este fenómeno.
La clave no está en una sola causa, sino en la convergencia de varios factores astronómicos, tecnológicos y sociales que hacen que hoy miremos el cielo con más atención… y que el cielo, efectivamente, esté más activo.
Aurora catada desde Almería el 12 de noviembre de 2025 / Crédito: Observatorio de Calar Alto Un Sol más inquieto de lo habitualUno de los principales responsables de esta sensación es el aumento de la actividad solar. El Sol atraviesa actualmente una fase especialmente intensa de su ciclo natural de aproximadamente 11 años, caracterizada por un mayor número de manchas solares, erupciones y eyecciones de masa coronal.
Cuando estas explosiones solares interactúan con el campo magnético de la Tierra, se producen tormentas geomagnéticas que intensifican fenómenos como las auroras polares. En los episodios más fuertes, estas auroras pueden desplazarse hacia latitudes mucho más bajas de lo habitual, llegando a ser visibles en regiones donde normalmente no se observan.
Este comportamiento no es nuevo desde el punto de vista científico, pero sí poco frecuente, lo que explica la sorpresa de muchos observadores ocasionales del cielo.
Las Auroras boreales vuelven a iluminar el cielo… incluso en España Imágenes del Sol de la sonda Solar Orbiter / Crédito: ESA Auroras, pero no solo aurorasAunque las auroras boreales acaparan gran parte de la atención mediática, no son ni de lejos un fenómeno extraño, y mucho menos el que se está dejando ver con más frecuencia. A ellas se suman otros eventos que, combinados, refuerzan la percepción de “cielos inquietos”:
Bólidos y meteoros brillantesLa entrada de fragmentos de roca espacial en la atmósfera terrestre es un proceso constante. Sin embargo, algunos de estos objetos son lo suficientemente grandes como para producir bolas de fuego muy luminosas, visibles durante varios segundos e incluso acompañadas de explosiones sónicas.
Reentradas de satélites y restos espacialesEn las últimas décadas se ha multiplicado el número de satélites en órbita baja. Cuando algunos de ellos, o fragmentos de basura espacial, reentran en la atmósfera, generan trenes luminosos que pueden confundirse fácilmente con meteoros o fenómenos inexplicables.
¿Último deseo o basura espacial? Los restos en el Falcon 9 reabren el debate Basura espacial / Uso de imagen bajo licencia Depositphotos Nubes noctilucentesEstas nubes extremadamente altas, formadas por cristales de hielo en la mesosfera, se observan tras el ocaso o antes del amanecer y presentan colores plateados o azulados muy llamativos. Aunque son un fenómeno atmosférico, su aspecto resulta tan inusual que a menudo despierta desconcierto.
Nubes noctilucentes y auroras en la silenciosa isla de Coll Más satélites, más luces artificialesOtro factor clave, a menudo confundido con fenómenos extraños, es el aumento exponencial de satélites visibles a simple vista, especialmente tras el despliegue de grandes constelaciones en órbita baja. Poco después del anochecer o antes del amanecer, es frecuente observar filas de puntos luminosos moviéndose en silencio, un espectáculo que para muchas personas resulta completamente nuevo.
Este fenómeno no solo transforma el paisaje nocturno, sino que también alimenta la percepción de que “el cielo está más lleno” que nunca.
Miramos más… y compartimos másNo todo lo que ha cambiado está en el cielo. También ha cambiado nuestra manera de observarlo.
Hoy, prácticamente cualquier persona lleva en el bolsillo una cámara capaz de capturar fenómenos que antes pasaban desapercibidos. A esto se suma el auge de la fotografía nocturna, las aplicaciones de observación astronómica y la inmediatez de las redes sociales, que convierten cualquier evento celeste en un fenómeno viral en cuestión de minutos.
El resultado es una mayor conciencia colectiva del cielo nocturno, donde eventos relativamente comunes adquieren una visibilidad sin precedentes.
¿Tiene algo que ver el cambio climático?En algunos casos concretos, sí. Fenómenos como las nubes noctilucentes parecen estar relacionados con cambios en la composición y temperatura de las capas altas de la atmósfera, lo que ha llevado a los científicos a estudiarlas como posibles indicadores indirectos de cambios climáticos globales.
No se trata de una relación simple ni directa, pero sí de una línea de investigación activa que añade una capa más de interés científico al cielo nocturno.
Un cielo más activo… y más observadoLa sensación de que “están pasando más cosas en el cielo” no es una ilusión colectiva, pero tampoco una señal de alarma. Es el resultado de un momento astronómicamente interesante, combinado con una sociedad más atenta, más conectada y más interesada en mirar hacia arriba.
Lejos de ser motivo de inquietud, este contexto ofrece una oportunidad única para reconectar con el cielo nocturno, comprender mejor los procesos que lo gobiernan y, por qué no, empezar a valorarlo como un patrimonio natural que merece ser observado y protegido.
Fuentes y lecturas recomendadasNOAA – Space Weather Prediction Center
Agencia Espacial Europea (ESA) – Space Weather